Publicado en Lecturas filosóficas

Filosofía para bufones

¿Puedes reírte con los filósofos? ¿Y de ellos?

La filosofía no es sólo una seria y sesuda teoría sobre algo: Dios, la idea, el mundo,…

Son muchos los libros que, actualmente, nos recuerdan que la filosofía y el humor también pueden ir de la mano, de hecho, aunque no lo parezca para ser un buen filósofo hay que saber reír.

En esta obra su autor nos invita a un humorístico viaje a través de anécdotas sobre la historia de la filosofía y la vida de los filósofos.

Desde la antigüedad griega hasta los tiempos modernos, todos los filósofos tienen anécdotas que nos arrancaran una sonrisa.

Así que si quieres reírte un poco de la mano de, Tales, Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes, Nietzsche, Ortega, etc. -o de ellos-, éste es un buen libro.

Os dejo algunas de las anécdotas que hay recogidas en el libro para abrir boca. ¡Qué aproveche!

 

Tales de Mileto. Página 15.

Desde el principio, los filósofos tuvieron fama de despistados, tal como sugiere una de las anécdotas más famosas de la historia de la filosofía. Según cuenta Platón en el Teeteto, andaba Tales en cierta ocasión observando los astros cuando fuera caer a un pozo. Una graciosa criada tracia que presencio la escena se burló de él diciéndole:

–                     ¿Qué quieres ver en el cielo si no eres capaz de ver el suelo que pisas?

Platón. Página 42.

Se ha dicho que, a menudo, en las anécdotas que os han llegado sobre Diógenes, Platón desempeña el papel del “augusto” circense, dando pie precisamente a que Diógenes de rienda suelta a su vena de bufón. Así, por ejemplo, aprovechando la definición que en cierta ocasión dio Platón del hombre: “bípedo implume”, Diógenes soltó un gallo desplumado ante el auditorio, diciendo:

–                     He aquí el hombre de Platón.

Unamuno. Página 148.

La franqueza, a la par que la arrogancia, de Unamuno eran legendarias. Cuando el rey Alfonso XIII lo condecoró con la Gran Cruz de Alfonso XII, el escritor mostro su satisfacción diciendo:

–                     Es para mí un honor recibir esta condecoración que tan merecidamente  se me otorga.

Al oír esto, el rey no pudo ocultar su sorpresa, pues estaba acostumbrado a oír palabras de humildad por parte de los condecorados.

–                     ¡Caramba! –le dijo el rey-, ¡es usted el primero que me dice eso! Hasta ahora todos los homenajeados me habían dicho que ellos no se merecían tal honor.

Unamuno apostilló:

–                     Y probablemente no les faltaba razón

 

 

Filosofía para bufones. Pedro González Calero. Ariel. 2009.

Autor:

En constante búsqueda de todo. Cada cosa en su justa medida.

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