Publicado en 1º Bachillerato, 2º Bachillerato, Educación -general-

La manzana de Eva (Eve’s apple), de José Manuel Colón

El pasado miércoles 25 de octubre, parte del alumnado y el profesorado de los IES La Bahía, Jorge Juan e Isla de León de San Fernando, tuvimos la suerte de poder asistir al visionado de la película documental La manzana de Eva.

La manzana de Eva narra en primera persona, a través de testimonios reales, qué es la mutilización genital femenina -ablación- y cómo se vive, mejor dicho cómo lo viven las mujeres y niñas que pasan por ello. Es una tradición. Es un rito de paso. Es un hacerse mujer para dejar de ser niña… No nos engañemos. Es una MUTILACIÓN. Es un ejercicio gratuito de violencia contra las niñas, futuras mujeres, que sólo pueden ser enfrentado con una herramienta: la EDUCACIÓN.

El trabajo de José Manuel Colón muestra la labor que se hace para ayudar a niñas de diferentes países a enfrentarse a la “tradición”. Niñas valientes, muchas de ellas huyen antes de pasar por la “purificación”, que tienen que enfrentarse al miedo y el desconocimiento para ser libres, para ser dueñas de su vida. Desde Gambia, Kenia, España y Chile llegan las voces de las muejeres y hombres que han participado en este proyecto, que dan voz a un tipo de violencia que nos parece lejano pero que está aquí y ahora, en las sociedades del siglo XXI.

No hay escenas desagradables. No hay violencia visual. No hace falta. Las palabras, las experiencias, las reflexiones, lo que las protagonistas van exteriorizando, el espectador lo va interiorizando y la empatía se encarga del resto. Muchos de los que allí estabamos, frente a la pantalla, pudimos, de alguna forma, sentir lo que ellas sintieron, estar donde ellas estuvieron.

Es un documental para quien quiera entender todo lo que nos queda por hacer en el mundo con respecto a los derechos de las mujeres. Es un documental que todo aquel que tenga madre, hija, hermana, amiga, esposa, compañera… no debería dejar de ver. Es un documental que toda aquella mujer que piense que en el campo de la lucha por nuestros derechos está todo hecho debería ver.

Es un documental que hay que ver.

Según nos contó José Manuel desde el 1 de enero de 2018 estará en Netflix. Mientras si quereis saber más sobre este proyecto y lo que muestra podéis hacerlo en estos enlaces:

La manzana de Eva en Facebook

La manzana de Eva en Vimeo

La manzana de Eva en Twitter

Y si está en la cartelera de los cines de vuestra ciudad, id a verla.

Gracias a José Manuel y su equipo por acercarnos esta realidad, tan lejana y tan cercana al mismo tiempo. Gracias por mantener los ojos abiertos y ayudarnos a mantener los nuestros igualmente abiertos. Gracias por darle voz a Fátima, a Asha, a Sylvia, a las hermanas Letura,… a las 40 de Tasaru.

Gracias también por las palabras que compartiste con nuestro alumando. Gracias por animarlos a pensar, a no quedarse con lo superficial, por recordarles que el saber es poder, que el conocimiento nos impide ser engañados, que la información y la educación son llaves para la libertad y la construcción del futuro.

En Netflix teneis también su anterior trabajo, también de denuncia social Black man white skin sobre la discriminación de las personas albinas en África: https://www.netflix.com/title/80104041.

Publicado en Filosofía en Sevilla

X Congreso Andaluz de Filosofía

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Publicado en Lecturas filosóficas

La mujer rota, de Simone de Beauvoir

Me siento solidaria de las mujeres que han asumido su vida y que luchan por lograr sus objetivos; pero eso no me impide -al contrario- interesarme por aquellas que, de un modo u otro, han fracasado, y por esa parte de fracaso que hay en toda existencia”.

Simone de Beauvoir

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En los relatos que componen esta obra, La edad de la discreción, Monólogo y La mujer rota, las vidas de  tres mujeres se debaten entre la edad, la soledad y la agonía del amor, como representación de los fracasos que el destino depara. 

Tres mujeres víctimas de las relaciones con sus parejas, pero unas víctimas que no siempre son conscientes de esta condición o que se descubren como tales de un modo inesperado. El amor las conduce a una actitud abnegada que desemboca tarde o temprano en la insatisfacción y en el aislamiento.

– La primera de estas historias, La edad de la discreción, cuenta la historia de una mujer que se da cuenta de que ya no ama ni entiende a su marido, que su largo matrimonio no tiene ya ningún sentido, que se ha pasado toda su vida entregada a una institución socialmente impuesta para presumir de tener una vida ordenada y envidiable, pero que a ella la ha sumido en una fría realidad que ha terminado por anularla hasta dejarla casi como una muerta viviente.

– La segunda narración, Monólogo, será el soliloquio de una atormentada madre que, mientras maldice desde su apartamento a un París que la repugna hasta la médula, recuerda a su hija muerta de forma trágica, y le echa en cara cosas, se echa ella misma en cara cosas, y echa al mundo en cara cosas… Todo le da asco. Nada es soportable, y lo peor es que ella misma no  es soportable para ella misma. Y el mundo es tan feo, oscuro y desagradable. ¿Cómo puede seguir viviendo si su hija está muerta?

– La tercera narración, que además da título al libro, La mujer rota, está protagonizada por una mujer a la que su marido deja por otra, y que en la línea de la primera historia, llega a la conclusión, exhibiendo sus pensamientos al lector, que consagrarse a ese traidor fue un error.

Con estas tres narraciones la conocida filósofa francesa nos invita a reflexionar sobre las normas y los actos políticamente correctos que las mujeres deben cumplir para encajar en el rol social para el que supuestamente han nacido, pero que no siempre es el que desean. ¿Cómo sigue viviendo en ese rol alguien que descubre la mentira que es? ¿Cómo sigue viviendo ese rol alguien que descubre que no sirve para el mismo? Y lo que es peor, ¿cómo se vive cuando el que crees tu mundo se desmorona y lo único que se presenta es la convención social o la soledad ante lo desconocido?

Enfrentarse al mundo siempre es complejo, pero si además se hace desde fuera de la convención se hace muy duro.

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Publicado en Pensamientos robados

El estallido que viene – por Adolfo García Ortega (El País 30-11-12)

Lo habrá, tarde o temprano lo habrá. Habrá un estallido social. El mundo que prometía un bienestar sostenido está roto. Los políticos no lo ven, o no lo saben o quizá sea que han llegado a ese estado de ceguera, necedad y estupidez que les impide salir de su discurso hueco, repetido y refractario. Es el bloqueo del poder partitocrático tal como lo conocemos. E intuyo que lo que se prepara es el control del estallido.

Como ciudadano pensante podría hacer un análisis negativo, incluso muy negativo, y no dejaría de ser realista. Pero se impone partir de una esperanza: la sociedad europea, sobre todo la del sur o medio-sur, sigue viva, avanza, crece, palpita, mira hacia el horizonte y no se resiste. Lucha. Esto también es real.

Ahora lo que recorre Europa es una luz. No una de esas luces de final del túnel, sino una luz pequeña, una ligera claridad, una luz de linterna que alumbra, por fin, el interior de lo que pasa. Lo primero que ilumina esa luz es que Europa tiene un problema político que no ha sabido resolver todavía. Y a esto se añade otro aspecto, trágico: los serios problemas de ciertos estratos de su población, tales como los mayores, los jóvenes, los inmigrantes, los parados, etcétera, pendientes cada uno de su inhóspito y tambaleante futuro. Y esto conduce a nuestro mayor problema: somos más viejos, somos más pobres, pero los ricos son más ricos. Hay, pues, un brote agresivo de injusticia y desigualdad.

Aunque surgen recelos por todas partes, y más con el maquillaje del Premio Nobel de la Paz a la UE (seguro que en Bosnia aún se ríen de esta broma de mal gusto), hay que reconocer que existe un camino que la sociedad europea en su conjunto ha recorrido modélicamente, un camino común hacia una identidad común, un bienestar común y una cultura diversificadamente común; un camino que no han recorrido por igual los políticos. Porque ahora hay un abismo entre la sociedad europea y sus políticos.

-La clase política es el gran problema que impide modificar la realidad en Europa-

Es más, asumamos de una vez, con decisión, que la clase política es el gran problema que impide modificar la realidad en Europa. ¿Por qué? Porque los políticos no han contribuido a eliminar los prejuicios de unos sobre otros, sino que los han aumentado; y tampoco han articulado los mecanismos reales contra la injusticia, para lo cual, básicamente, estaban elegidos. Han entregado a los ciudadanos a los bancos, a las instituciones financieras, a los principios inmorales de un capitalismo sin control. Y esto todos: los políticos de derecha y los políticos de izquierda. Porque, en este sentido, en la Europa en crisis, derecha e izquierda han terminado por ser parodias recíprocas. O, lo que es peor, cómplices de una vieja dramaturgia, la de su propia supervivencia.

Y al no haber una política económica verdaderamente común (salvo la malhadada monetaria), se han evidenciado, en cada país, las miserias de esos mismos políticos: la corrupción, la ineptitud, la mala gestión, la incapacidad práctica e intelectual y el error sistemático. Esto ha llevado a cuestionar, y más que nunca y con más razones que nunca, su papel delegado de representatividad.

¿Cuáles son los verdaderos males que aquejan a Europa? A mi modo de ver, son los siguientes: 1. La fractura del equilibrio económico sostenible, que requiere actualmente redimensionarse. 2. Las diferencias entre Estados, aumentadas por la quiebra entre el Norte y el Sur. 3. La corrupción (tanto en el Norte como en el Sur) tan capilarmente extendida. 4. La política estandarizada y necia. 5. La codicia financiera, estimulada por una banca abusiva en extremo. 6. La falta de futuro nítido. 7. El vertiginoso incremento del paro y el desempleo, que ha de verse en términos no ya económicos sino de población. Y 8. El desvío o traspaso de responsabilidades y cargas a las capas más débiles o clases medias de la sociedad (ciudadanos, profesionales, trabajadores, parados) y no a la banca, ni a los grandes empresarios ni a la clase política, con el consiguiente aumento de la injusticia social generalizada.

Es decir, es imperativo asumir sin eufemismos si existe o no una respuesta a la cuestión capital de la redistribución de la riqueza y del sistema productivo y de consumo. Si la respuesta es inequitativa, toda revolución debería ser inminente. Si es equitativa, ha de formularse una eficaz respuesta política de carácter legislativo. Estamos lejos de esto. Porque esto lleva a pensar (y a propugnar) que es necesaria otra forma de vida, que partiría de esta sencilla pregunta que nadie se hace: ¿por qué las cosas valen lo que algunos dicen que valen y por qué no valen menos? Es decir, ¿por qué prima la ganancia y el beneficio por encima de la vida misma?

Se ve venir una crisis de la democracia, tal como la hemos concebido hasta ahora, y es una crisis sistémica. La representatividad y el modo de acceso a ella, sobre todo en algunos países, está cuestionada, y con razón. Es, por tanto, una crisis política. Una crisis en la que otra vez sobrevuela por Europa el fantasma de la intolerancia, del radicalismo nacionalista (de izquierda y de derecha), y otra vez se silencian las voces que, mayoritariamente, se declaran no sectarias, aplicándoles la categoría de “alternativas”, como estigma de lo que no es una opción viable. ¡Y ya lo creo que lo es!

Es urgente preguntarse si hay un futuro real para Europa. Y la respuesta siempre sería positiva, obviamente: hay, sin duda alguna, un futuro porque la gente existe, la gente vive. Sin embargo, no es tan fácil. Hay tres escenarios de futuro: uno deseable, otro indeseable y otro lamentable.

El futuro deseable pasa por una total unión política, la creación de unos Estados Unidos de Europa reales. Eso permitiría conseguir una globalidad y una corresponsabilidad económica y social, con la creación de un plan de crecimiento y racionalización de recursos, producción y consumo; y no una política de austeridad que suponga la exclusión y la tortura social. En este sentido, faltan nuevas ideas y nuevos nombres que las procuren.

El futuro indeseable es aquel que conlleve ruptura de tratados que garantizan grandes márgenes de libertad, el avance de posturas muy radicales (ya las hay en Grecia, Finlandia, Hungría, Holanda, Francia…), la negatividad de la multiculturalidad, es decir, su fracaso, y, sobre todo, la desvinculación de la sociedad de los millones de parados, jóvenes en especial, dando por sentada una sobrecogedora falta de solidaridad.

Pero hay un futuro lamentable que me temo más cercano; un futuro probable y resultadista. Será el de una Europa sin influencia estratégica mundial, con grandes carencias en las conquistas sociales, con un adelgazamiento brutal de la garantía igualitaria que ofrece “lo público”. Será una Europa en la que cualquier mejoría se anunciará para plazos cada vez más lejanos, bajo la amenaza de que “lo peor aún está por llegar”, causando desaliento. Será una Europa dividida en dos, la que funciona y la que no. Y habrá países de esa Europa fractal en los que invertir será un chollo: ya se podrá comprar a centavo el dólar, ya se podrá comprar un país (y lo que contiene) muy barato, aceptando gustosos una inversión en industrias que exigirán unas condiciones laborales muy desprotegidas, con sueldos muy bajos. Que la sociedad vuelva a escalar clases sociales, desde posiciones muy bajas también.

Nos están preparando para esto, para aceptar sin violencia estas duras condiciones, y para que nos parezcan una necesidad inevitable. No de otro modo se entiende la gran presión que sufren las clases medias, una auténtica incertidumbre social, y la brutal represión de todas las manifestaciones de protesta con el fin de atemorizar. Es decir, se está controlando el estallido, se está modulando su impacto y su alcance.

Ante todo esto, desolador sin duda, creo que la única esperanza, la única vía de salida, radica en ir en dirección contraria a la que vamos. Eso lo saben los políticos. Y si no lo saben, que dejen de ser políticos, porque solo serán imbéciles.

Adolfo García Ortega es escritor.