Publicado en Lecturas filosóficas

Contra aquellos que nos gobiernan, por Leov Tolstoi

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Escribe esta obra Tolstoi en 1900 y podemos decir que 117 años después la situación no ha cambiado mucho.

Se está construyendo la vía ferroviaria que conectará Moscú con Kazan y el escritor se pasea curioseando el proceso de construcción. Habla con los braceros y los factores y descubre la miseria y las duras condiciones de trabajo: las jornadas de 36 horas sin descanso, la falta de higiene, los salarios insuficientes, las instalaciones inseguras,…

“-¿Por qué hacéis este trabajo de presidiarios?- les pregunté

-¿Y qué quiere que hagamos?

-¿Es absolutamente necesario que trabajéis durante treinta y seis horas sin descanso? ¿No se podría establecer un tiempo razonable de reposo entre todas esas horas de trabajo?

-Éstas son las condiciones que se nos imponen

-¿Por qué las aceptáis?

-¿Por qué? Porque tenemos que comer. El que se queja, ¡ea, fuera! Si uno se retrasa una hora, se le ajusta el sueldo. No supone un problema, tienen diez solicitudes para cada puesto de trabajo”

A partir de ese diálogo toda la obra recoge escenas y conversaciones que, como ya he mencionado, podrían darse a día de hoy en muchos lugares del mundo.

Este ensayo, alejado del tipo de literatura que Tolstoi nos ofrece en obras como Resurrección, Ana Karenina, Guerra y paz, etc. o en sus cuentos, nos ofrece un mirada crítica a los movimientos políticos y la economía.

Contra aquellos que nos gobiernan es una obra escrita contra la clase política gobernante y sus abusos, contra la economía y sus expolios, contra todos aquellos que, de manera cómplice, apoyan la maquinaria y perpetúan la desigualdad, la explotación y la pobreza.

“…era verdad que, por una corta suma que apenas les da para sobrevivir, hombres que se creen libres se concedan a un trabajo que el amo más cruel, en los tiempos de la servidumbre, no habrían impuesto a sus esclavos. Hasta un cochero de punto evitaría tratar así a su caballo…”

Palabra a palabra el autor ruso alza también un dedo acusador hacia todos aquellos que ayudan (¿ayudamos?) a perpetuar las condiciones de trabajo y no se mueven contra el sistema simplemente porque las cosas son así, porque se consideran (¿las consideramos?) las consecuencias de un orden de cosas que debe ser sostenido inevitablemente.

¿Hay explicación para ello? ¿Por qué parecemos estar ciegos ante tal situación? ¿Por qué la mayoría de los seres humanos imaginan (¿imaginamos?) que siempre hay una justificación que respalde tales acciones (Dios, el orden, el Estado,…)?

Nos empeñamos en perpetuar condiciones inhumanas porque fuimos creados así y punto. Porque esperamos un mejor mundo futuro y nos conformamos con lo que en este hay. Porque esperamos caridad y alivio por parte de los que más tienen. Porque siempre hay un motivo para perpetuar la desigualdad.

Tolstoi anima a una insubordinación necesaria. Una insubordinación que llegue desde el corazón de los trabajadores pero no impulsada por las fuerzas políticas supuestamente defensoras de los mismos ya que, por ejemplo, el socialismo, “presenta una hipótesis tan terrible como aquella otra presentada por los teólogos”: un paraíso por venir.

Contra aquellos que nos gobiernan es una obra esencial, indispensable, actual. Una obra para reflexionar porque “sabemos que no debemos temeros sino a vosotros, los gobiernos, que, con un fin que no podemos adivinar, enzarzáis a unos hombres con otros, y luego, bajo pretexto de asegurar nuestra defensa, nos reclamáis impuestos enormes y nos arruináis para mantener las flotas, los ejércitos y los ferrocarriles estratégicos, útiles únicamente para vuestras ambiciones vanidosas”.

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¿Qué estamos haciendo? – Reflexiones al calor de la selectividad 2014

SELECTIVIDAD
Los resultados de la prueba de selectividad de este año revelan, al menos en Cataluña, que la media de alumnos ha obtenido un suspenso en matemáticas aplicadas, en ciencias sociales, en lengua y literatura, en física y química. La estadística de que dispongo no indica qué asignatura es un coladero de tal calibre que ha permitido que el 87% de los alumnos presentados haya aprobado con una nota media de 5,8.
El fenómeno no es nuevo ni nos pilla desprevenidos y las voces que reiteran la gravedad de la situación lo hacen con aire desesperanzado. El mundo es cada día más competitivo y nosotros más incompetentes. Supongo que se refieren a nuestra incompetencia en el terreno de la ciencia y la tecnología, cosa que a mí me preocupa poco. Que la mayoría no pase el examen de química tiene una importancia relativa. Sólo se necesita un número determinado de químicos para atender las necesidades de la comunidad. Al resto nos basta con saber que el detergente de la lavadora no debe ingerirse.
Más preocupante es el pobre resultado obtenido por los estudiantes en el apartado de lengua, porque considero importantísimo que todo el mundo sea capaz de entender y expresar de palabra y por escrito ideas que vayan más allá de lo visceral y lo estrictamente deportivo, y esto, aunque nadie lo crea, sólo se aprende estudiando. Pensar que una cosa es hablar y escribir y otra distinta la gramática es un error muy extendido. Para comprobarlo sólo hay que acudir a los medios de difusión, donde advertirá que, aparte de algunos profesionales, el ciudadano se expresa como un protozoo. En el lenguaje oral, los gritos y los desplantes, algunos acentos locales, la imitación de defectos físicos y un casticismo barato disimulan la magnitud de la catástrofe. Por escrito, ni eso. Frente a esta situación, los políticos encogen sus anchos hombros. La enseñanza es un problema insoluble: alumnos reacios, profesores deprimidos, presupuesto insuficiente y un plan de estudios enmarañado e ineficaz. Sí, el resultado es malo, pero otros años fue peor. El mismo razonamiento que se aplica, por estas mismas fechas, a los incendios forestales. Y expuesto con un rigor y una elocuencia que en la prueba de selectividad sacaría, con suerte, un 3 pelado.

MENDOZA, Eduardo: Selectividad. EL PAÍS, 12-VII-2004.

Este artículo de 2004 podría haber sido escrito perfectamente hace dos días y sería igual de correcto y verdadero.

A la vista de mi propia experiencia, y no hablo sólo de los centros académicos en los que he trabajado sino a los más de diez años que llevo como profesora particular, puedo decir que Eduardo Mendoza no se queda corto. No son pocos los alumnos que llegan a 2º de bachillerato sin saber leer o escribir bien -las faltas de ortografía de alguno son para echarse a llorar-.
Después profesores de otras materias, yo misma cuando impartía filosofía, pensamos que como es lógico los de lengua y literatura deberían tener más cuidado con esos detalles; pero cierto es que casi ningún profesor corrige exhaustivamente los fallos de los alumnos, empezando por los de primaria que son los que deben sentar las bases de la alfabetización de nuestro alumnado, y siguiendo por nosotros mismos, profesores de secundaria y bachillerato.

Sí, es verdad, el sistema educativo actual, y alguno de los anteriores tampoco, nos deja mucho margen de actuación en ese aspecto: demasiados alumnos por clase, poca atención y menos ganas, ratio obligatoria de aprobados, etc. Cosas que van haciendo que nuestras aulas sean una fábrica no ya de ignorantes, que es algo -la ignorancia- que siempre puede solucionarse, sino una fábrica de personas que no van a tener las herramientas para enfrentarse a la ignorancia.
Alumnos que no saben reflexionar textos filosóficos o que no saben analizar el simbolismo de las grandes, y pequeñas, obras literarias, que no entienden el vocabulario más básico y que no tienen imaginación (sí, cada vez es más patente, les falta imaginación, y la imaginación es esencial).

Por mucho que queramos si les privamos de las herramientas básicas del pensamiento les privamos absolutamente de todo lo que puedan aspirar a ser. Y que conste que no hablo sólo de saber de filosofía. No, este escrito no va por ahí (que también, pero no sólo) sino de algo más profundo; empezando por SABER LEER, la comprensión lectora es esencial para entender cualquier cosa que nos pongan por delante; SABER ORDENAR LAS IDEAS, no podemos dejar los comentarios de texto siempre para los cursos superiores, los pequeños también saben pensar y, a veces, incluso mejor que los mayores; ANIMARLES A IMAGINAR, no todo está en la tele, en las videoconsolas, ni tan siquiera en los libros, muchas cosas están en nuestras cabezas deseando salir, pero para que esto suceda tenemos que enseñarles a salir; ANIMARLES A ESCRIBIR, no sabemos qué puede salir de sus cabezas, qué les puede inspirar o qué desean transmitir.

Lo demás vendrá poco a poco después, ya que teniendo las herramientas adecuadas el resto de los caminos se irán abriendo: música, química, física, arte, historia, matemáticas, filosofía, idiomas, latín, etc.

El sistema hace que los resultados, ya que a los politicastros que tenemos les gusta tanto esa palabra, sean pésimos, y que cada año sean peores.
Y que no venga nadie a decir: “Pues este año han aprobado selectividad X alumnos con unas notas que tal y que cual”. ¿Realmente eso demuestra sus conocimientos y capacidades? No, eso demuestra que pueden aprobar, o no, un examen; pero no dice nada de sus conocimientos, ya que más de la mitad de los alumnos habrán olvidado todo lo estudiado justo al salir de ese examen.

Por ello, vuelvo a preguntar, ¿qué estamos haciendo? Sí, todos. ¿Qué estamos haciendo? Nosotros somos también, sociedad, parte de este sistema que está malogrando tantas mentes que podrían ser lo que ellas quisieran y que se quedarán en ser lo que puedan.

No sé vosotros, yo no puedo vivir con esa carga en la conciencia, así que mientras pueda, cada una de mis clases, ya sean particulares o en centros escolares, no serán sólo para lograr que el alumno apruebe sino para que aprecie lo que aprende y se atreva a adentrarse en el camino del conocimiento que le llame: arte, idiomas, música, literatura, ciencias…

No es fácil, enseñar no es fácil, y aprender tampoco. Pero es el primer paso para construir personas libres, autónomas, inquietas, vivas. La educación siempre ha sido, es y será, la primera piedra, la piedra angular, de toda sociedad que quiera sobrevivir y prosperar.

Luchemos por ella.

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Publicado en Filosofía en Sevilla

X Congreso Andaluz de Filosofía

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El señor de los anillos. Una reflexión sobre el hombre y la política.

Con algunos retoques, retomo y publico en el blog un trabajo que escribí en 2002 para la facultad. Señalo la fecha de origen por los nombres que en se citan y las reflexiones que se hacen. Pueden parecer obsoletas, pero creo que la situación es, más o menos, la misma que vivimos ahora.

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El ser humano es el único ser, sin duda alguna, que llega a plantearse su vivir, su existencia como un problema. Como diría Aristóteles “un bípedo implume” que es ser social, que es pensante como señalo Descartes, que es Idea como nos mostró Platón, que es Realidad, Vida, Existencia, que lo es todo y que no es nada.

El ser humano es un cúmulo de diferentes caracteres, es un ser complicado y aun a veces absurdo como extraño. El ser humano es extraño, extraño para sí y para los demás.

¿Qué le lleva a plantearse su realidad de existente? Su extrañeza. Su vida se le hace extraña, el mundo se le hace extraño, el otro se le hace extraño e incluso “sí mismo” es un extraño. Es un ser inmerso en una vida que le es desconocida, una vida eterna en su finitud que le hace sentirse “extranjero” en su propio yo, que le hace sentirse un superviviente en la selva social.

“Si es verdad que los únicos paraísos son aquellos que se han perdido, sé cómo llamar a este algo tierno e inhumano que hoy me habita” (Camus, Albert: Entre sí y no, en Obras, Alianza, Madrid, 1996, tomo1, p 35).

¡Es tan difícil vivir!

Quizás es una afirmación un poco exagerada. Vivir no es difícil, lo difícil es  sobrevivir. Un golpe no daña, pero los pequeños golpes del día a día consiguen erosionar la roca más dura, el espíritu más resistente…

“En los momentos más difíciles, cuando toda posibilidad parecía esfumarse, me invadió una certeza inamovible. La seguridad de que juntos lo podríamos lograr. Tenía que vivir y esto era lo más importante para mí” (Cit. en José Velasco Franco: Verdades sin dueño, San Pablo, Madrid, 1998, p 45).

Esta es la afirmación de uno de los supervivientes del famoso accidente aéreo ocurrido el 13 de octubre de 1972 en los Andes, cuando un equipo de rugby  uruguayo viajaba hacia Chile. Lo más importante, lo que puede salvar una vida, depende muchas veces de lo seguro  que uno se encuentre de un certeza. En el campo de la vida parece evidente la necesidad con apoyos firmes, también en el terreno filosófico.

Necesitamos una certeza. Necesitamos seguridad. Pero si el hombre es un ser capaz de enfrentarse con sus sombras por qué tiene estas necesidades que le hacen extraño a sí mismo…

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“Iba paseando por la calle con dos amigos. El sol se ocultaba; el cielo se volvía rojo como la sangre, y yo sentí un soplo de viento. Me quede quieto, mortalmente cansado. Más allá el fiordo azul-negro y de la ciudad, había lenguas sangrientas y encendidas. Mis amigos continuaron; yo me quedé atrás, temblando de miedo, sintiendo el gran grito de la Naturaleza”, estas son las  palabras de Munch sobre su obra. La Naturaleza nos grita y nosotros somos incapaces de enfrentarnos a ella, sólo no queda poder imitarla, poder gritarle a ella, gritarle que no le comprendemos, que no podemos enfrentarnos a sus acertijos, a sus sombras, a sus pruebas, que el ser humano es incapaz de relacionarse en plenitud con aquello a lo que pertenece, es incapaz de una integración plena con la naturaleza, es incapaz de una integración plena consigo mismo. El ser humano es incapaz de soportarse, es incapaz de escucharse por eso necesita de los demás.

“¿No se concilia acaso todo esto? La verdad desnuda. Una mujer a la que se abandona para ir al cine, un viejo al que ya no se le escucha, una muerte que no redime nada. Y, después, del otro lado, toda la luz del mundo. ¿Qué importa, si se acepta todo? Son tres destinos semejantes y sin embargo diferentes. La muerte para todos, pero a cada cual su muerte. Al fin y al cabo, el sol nos calienta, a pesar de todo, los huesos” (Camus, Albert: La ironía, en Obras, Alianza, Madrid, 1996, tomo 1, p 25).

“Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que puedo vivir o morir”. Esta afirmación, de Sören Kierkegaard, encierra la idea, terrible, de que no se puede encontrar ninguna base objetiva, racional, para defender las decisiones morales. Todos los existencialistas han seguido al autor danés al resaltar la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad, el actuar según convicciones propias.

En la filosofía y la literatura españolas es Miguel de Unamuno quien desarrolló la concepción existencialista. Le atribuyó un significado especial a la idea de “donquijotismo”, según la cual cada hombre libra una lucha permanente (al igual que Don Quijote) por un ideal irreal. Cada existencia concreta comprende choques de categorías corrientes y sublimes, de pragmatismo y lucidez espiritual.

Se crea, a partir de esto, una dialéctica interna entre nosotros y nuestra enfermedad mortal, la desesperación por ser quienes queremos ser. Hay que perder la razón para ganar a Dios, dice Kierkegaard, y con ello, ganar un poco de espacio frente a la angustia.

La fe es creer, creer es dejar en manos de Dios. La fe abre un camino que se cree cierto y seguro, se abre un camino de fantasía en el cual se pierde toda la responsabilidad ante la angustia que nos oprime.

Aquí voy a tratar, de una forma muy libre, el segundo tipo de desesperación que Kierkegaard enuncia. Luchar contra uno mismo es una batalla perdida de antemano. Asumir lo que somos es una posible, la más factible, solución para el problema de la angustia. Kierkegaard nos ilustra la cuestión de la siguiente forma: imaginemos que yo quiero ser César, pero no lo soy, y eso crea en mí una gran angustia, no puedo ser lo que no soy, pero en este caso lo que no soy es aquello que quiero ser. ¿Qué hacer ante esto? ¿Cómo enfrentarnos a una realidad que no es nuestra? Aceptar que no somos aquello que queremos ser es un paso hacia el enfrentamiento con la desesperación. No soy César ni puedo serlo, tengo que aceptarlo o la angustia ante este hecho acabará con las pocas posibilidades que tenga de poder enfrentarme con la angustia.

El existencialismo es una actitud espiritual. Es la filosofía de nuestro tiempo porque es la filosofía de la crisis.

La crisis espiritual es producto de un proceso inmanente en la historia de la civilización humana. En esta crisis espiritual se procede a una liberación de autoridad, sea cual sea esta, en la cual la humanidad progresa. La crisis no es aquí igual a decadencia, es intento de superación, es evolución y progreso, es el replanteamiento de una realidad que comienza a fallar y que necesita una “revolución”.

El existencialismo lleva a la exasperación el motivo romántico de la personalidad humana como singularidad heroica y solitaria. El superhombre de Nietzsche abre camino al ser angustiado De Heidegger o la existencia encogida en sí misma de Jaspers. El hombre de la crisis se reconoce perdido. Ha perdido la grandeza de superhombre, pero al tiempo engrandece más y más por reconocer su confusión, su caída, su angustia, su desconcierto,…

En las obras de Camus vemos sociedades abocadas al nihilismo, tras la destrucción de sus valores y reflejan el trágico y absurdo vivir del hombre contemporáneo, reivindicando no obstante, la libertad, la justicia y la solidaridad. Se podría decir que en sus obras hay un tema central: el absurdo del vivir. Camus postula el mito de la conciencia individual, el hombre rebelde hará de su rebelión un deber de conciencia, donde de lo absurdo se sale con un desplazamiento hacia la vida de los otros. Hay una concepción trágica y absurda de la vida. Para Camus vivir es una decisión que se toma, si se nos impone se nos vuelve una problemática.

¿Cómo podemos vivir esa gloria que nos corresponde? Siendo sabios. El sabio es aquel que vive de lo que tiene sin especular sobre lo que no tiene, esos son los hombres sabio (El sabio sabe vivir en el mundo absurdo sin necesidad de Dios).

El sabio, como tal, tiene que ser creador. El sabio es ante todo, también, la persona que se atreve a pensar, es alguien que no teme enfrentarse al pensamiento, y pensar es, ante todo, querer crear un mundo. “Es a partir del desacuerdo fundamental que separa al hombre de su experiencia para encontrar un terreno de armonía conforme a su nostalgia, un universo encorsetado con razones o aclarado por analogías que permitan resolver el divorcio insoportable”. Lo que vale para la creación, considerada como una de las actitudes posibles para el hombre consciente de lo absurdo, vale para todos los estilos de vida que se le ofrecen.

El sabio no teme al ridículo. Estos son los personajes de Dostoievski, sabios que se interrogan sobre el sentido de la vida. Por esto todos los escritos del autor ruso plantean la cuestión con tal intensidad que no puede traer aparejadas sino soluciones extremas: “la existencia es engañosa y eterna” (Camus, Albert: El mito de Sísifo, en Obras, Alianza, Madrid, 1996, tomo 1, p 304).

El sabio es creador y crear es también dar una forma al destino propio.

Es Sísifo un ejemplo de sabio y de héroe absurdo. Es la imagen del obrero actual que trabaja sin fruto y sin esperanza. Es la imagen de la conciencia. Si Sísifo no tuviera conciencia no tendría problemas en su castigo sin esperanza, el mito es trágico sólo cuando el protagonista es consciente de su vida, de su condición, de su miserable condición… “La inmensa angustia es demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poder sobrellevarla” (Idem op. cit.). Pero a pesar de todo Sísifo es dichoso, ha aceptado su tarea y se enfrenta a los dioses haciéndola suya, afirmando que la roca es suya y que suyo es el instante en el cual decidió someterse al castigo de los dioses. El esfuerzo, su esfuerzo le   llena el corazón. “Hay que imaginarse a Sísifo dichoso” (Idem op. cit. Página 329). El destino de Sísifo le pertenece, le pertenece a él; convierte la roca en su destino y lo crea. La roca rueda gracias a él. El hombre del absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos sus ídolos.

“Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”

Pero, ¿a qué viene esta reflexión? ¿Cómo podemos aplicarla a nuestra vida? Creo, ahora más que nunca, que van sobrando quijotes donde antes hacían falta. Unamuno no pensó en cuántos Alonso Quijano nacerían para enfrentarse a los gigantes que no son más que molinos de viento.

Últimamente estamos viendo caballeros andantes que no se conforman con vivir sus tranquilas vidas y se dedican a pinchar el molino del vecino, hablo claro está, de los personajes de más actualidad: George W. Busch, Sadam Hussein, Usama Bin Laden,… estos sólo por mencionar a los más actuales y los que han hecho que mis pensamientos echen mano de nuestro héroe castellano.

Ante la duda que pueda surgir con respecto al título escogido para esta pequeña reflexión me explicaré. En la novela de Tolkien, Sauron, señor de la tierra de Mordor, el Señor Oscuro, crea un anillo para mantener unidos todos los poderes del mundo bajo uno solo, el suyo; por ello cuando en la novela del autor irlandés encontramos el ya famoso pasaje sobre la leyenda del anillo:

“Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.

Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.

Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir.

Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro

En la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos,

Un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas

en la Tierra de Mordor  donde se extienden las sombras”

No se puede negar el parecido que tiene el anillo tolkiano con el petróleo americano, para desgracia de J. R. R. Tolkien que no podría ni imaginarse el alcance actual de su novela. Porque podemos ver en la sombra de los pozos de petróleo iraquíes, o de cualquier otro lugar, el deseo de unión bajo esa misma ancha negra de todos los países occidentales unidos bajos el anillo americano.

Cuando al principio me refería a los existencialistas no era por mero rellenar papel, sino porque creo que sus reflexiones tiene mucho que ver con lo que está ocurriendo en la modernidad en las mentes de muchas personas. No nos atrevemos a ser quienes somos, o queremos ser lo que no somos, y así de perdidos andamos,… y como aquello de “de perdidos al río” está muy antiguo, hay políticos que han preferido “de perdidos a la guerra” que es mucho más políticamente correcto y beneficioso para la economía nacional, internacional e inter-occidental.

Cuando Kierkegaard anima a dejar todo en manos de Dios, el danés tampoco suponía que tantos locos podrían tomar tan en serio sus palabras como ahora lo están haciendo muchas personas que no creen en sí mismas y necesitan un pretexto metafísico para hacer los que les gustaría hacer sin motivos. En esto son más fieles a sí mismos los asesinos en serie estilo Jack, el destripador, que esos graciosos personajes que nos dicen que los muertos que llueven en las guerras son por nuestro bien, porque mientras más muertos halla en Iraq o en Camboya, menos habrá en España, Inglaterra, Polonia, EE.UU… y demás países organizados civilizadamente. ¡Porque claro está, no es lo mismo un occidental muerto que un palestino/iraquí/vietnamita/(colocar aquí la nacionalidad que se prefiera) muerto!

Cuando Don Quijote luchaba contra los gigantes, lo hacía porque esos molinos eran malvados gigantes, pero ¿dónde están esos molinos / gigantes contra los que luchan nuestros políticos? Si Alonso Quijano estaba loco, ¿podemos afirmar que nuestros actuales caballeros andantes también lo están? Por lo menos nuestro héroe castellano luchaba contra su propia locura, porque él no quería estar loco,… mientras que los actuales locos están orgullosos de serlo, porque no hay nada que esté más de moda que ser un loco con poder, ejército y bandera.

Para todo esto, decía anteriormente, hay que ser sabio. Porque el sabio construye. Pero no. Actualmente el sabio, el que tiene el poder de llegar a la gloria de saber quién es no construye, sino que destruye. DESTRUYE. Y lo hace porque no es capaz de construir, porque para construir tiene que compartir su grandeza, tiene que compartir su estrado, su minuto de gloria y eso no hay ser humano que lo resista.

… y si no que se lo pregunten a Golum, porque tampoco hay hobbit que lo resista.

31 de octubre de 2005

 

 

Publicado en Personajes de la Filosofía

Nicolás Maquiavelo

“Iustum enim est bellum quibus necessarium,

et pia arma ubi nulla nisi armis spes est”

El Príncipe, Maquiavelo

Alianza, página 139.

Niccolò Machiavelli nace en Florencia el 3 de mayo, un día como hoy, de 1469, el mismo año que Lorenzo de Médici asumía el control y el poder real sobre la República de Florencia. Son años en que la política italiana se encuentra equilibrada entre las cinco potencias firmantes de la paz de Lodi (1454): Milán, Venecia, Florencia, Nápoles y el papado; son también los años en que la cultra florentina alcanza su apogeo con la restauración del platonismo gracias a Ficino y Pico della Mirandola, con los logros de la pintura, escultura y arquitectura, y con la poesía del propio Lorenzo de Médici y de Poliziano; por contra, son también años de stancamiento económico.

En 1494, dos años después de la muerte de Lorenzo “el Magnífico” de Médicilorenzo-de-medici, el rey de Francia baja con sus ejércitos a Nápoles. Ese año señala el comienzo de una nueva fase en la historia italiana y europea: la política italiana deja de ser  autónoma y la península se convierte en el escenario donde las nuevas monarquías europeas -Francia y España- dirimen sus pretensiones a la hegemonía militar y política en Europa.

El 19 de junio de 1498 Maquiavelo es elegido secretario de la Segunda cancillería de la República, añadriría a ese puesto el de secretario del Consejo de los Diez (Dieci de Balía) a cuyo cargo estaba el control de la diplomacia y la dirección de l aguerrra. En 1507 recibiría, a demás, el cargo de secretario de los Nueve de la Milicia, organismo encargado de efectuar el reclutamiento y la organización de la milicia ciudadana para garantizar la defensa de la República al margen de las armas mercenarias y auxiliares.

La excursión por Italia de Carlos VIII de Francia tiene como consecuencia la expulsión de Florencia de los Médici y la restauración de una República de fuerte contenido popular, que se mantendrá hasta 1512, fecha en que Maquiavelo es encarcelado en Florencia y después exiliado a San Casciano -el ocio forzado permitirá a nuestro autor escribir sus grandes obras: Il principe, Discorsi sopra la prima decada di Tito Livio, L’arte della guerra-; y fecha en la que los Medici retornan de nuevo a Florencia y al poder.

En el intermedio de los años de ejercicio activo de la política habían permitido a Maquiavelo conocer los entresijos de la política italiana e internacional y losproblemas de una organizacion militar eficaz. Todo esto, unido a la asidua meditacion sobre la obra de los historiadores antiguos, configura la “lunga esperienza delle cose moderne et una continua lezione delle antique” sobre la que se funda su sabiduría política, atenta siempre “alla veritá effettaule della cosa” y no “alla imaginazione di essa”.

Quindici anni che io sono stato a studio all’arte dello stato, non gli ho né dormiti né giuocati.

-de una carta a Francesco Vettori

Florencia, cuna de Maquiavelo

Su vida podría ser dividida en tres periodos, los cuales representan en sí mismos la historia de Florencia. Su juventud coincidió, como hemos visto, con la grandeza de Florencia como potencia italiana, bajo el mandato de Lorenzo de Médici. La caída de los Médici en Florencia ocurrió en 1494, el mismo año en el que Maquiavelo se integraba en el servicio público. Durante su carrera como oficial, Florencia fue libre bajo el gobierno de una república, la cual duró hasta 1512, cuando los Médici regresaron al poder, y Maquiavelo perdió su puesto. Los Médici gobernaron Florencia desde 1512 hasta 1527, cuando fueron nuevamente retirados del poder. Este fue el período de actividad literaria de Maquiavelo, y también de su creciente influencia; sin embargo, murió a semanas de la expulsión de los Médici, el 21 de junio de 1527, a los cincuenta y ocho años, sin haber recuperado su cargo.

Se tienen pocos registros de la juventud de Maquiavelo, pero la Florencia de aquellos días era tan conocida que podemos imaginar el ambiente. Florencia era una ciudad con dos corrientes opuestas, una representada por el austero Girolamo Savonarola (predicador dominico y confesor de Lorenzo de Girolamo SavonarolaMedici) y la otra por el propio Lorenzo de Medici, amante del esplendor. Aunque el poder de Savonarola sobre las fortunas florentinas era inmenso, no parece haber sido muy importante para Maquiavelo puesto que sólo lo menciona en El Príncipe como un malogrado profeta.

En el segundo periodo de su vida sirvió en el servicio militar Libre de Florencia, la cual pasó de la expulsión de los Médici en 1494 cuando Maquiavelo tenía 25 años, y duró hasta el regreso de los Médici (familia que posee mayor poder económico en Florencia), en 1512. Después de servir cuatro años en una oficina pública como secretario, fue nombrado Canciller y Secretario de la Segunda Cancillería. Tomó un rol importante en los asuntos de la república, habiendo quedado sus decretos, sus registros y sus despachos para guiarnos, así como sus propios escritos. Pese a que tuvo posiciones altas en el panorama público y político, él las evitaba ya que aceptaba cualquier tipo de trabajo a cambio de poco sueldo.

Su primera misión fue en 1499, para Caterina Sforza (esposa de Giovanni de Medici), “Mi dama de Forli” en ElCaterina Sforza - virago cruelisima Príncipe, de cuya conducta y suerte, Maquiavelo extrajo la moraleja: de que es mejor ganar la confianza de la gente que confiar en la fuerza. Será un concepto muy importante para Maquiavelo, y es señalado en muchas formas como de vital importancia para aquellos que quieran ostentar el poder.

En 1500 fue enviado a Francia para convencer a Luis XII la conveniencia de continuar la guerra contra Pisa. Será éste el rey que, en su política con respecto a Italia, comete los cinco errores capitales del poder resumidos en El Príncipe.

La vida pública de Maquiavelo estuvo enmarcada en sucesos surgidos por la ambición del papa Alejandro VI y de su hijo, César Borgia, el duque Valentino; ambos personajes ocupan un gran espacio en El Príncipe. Maquiavelo no vacila en citar las acciones del duque en beneficio de los usurpadores que quieren quedarse con los estados que conquistan; de hecho, Maquiavelo no encuentra mejores preceptos que enseñar que los patrones de conducta de César Borgia. Por ello, para algunos críticos, César es el “héroe” de El Príncipe. Aun así, el duque es señalado en El Príncipe como el tipo de hombre que crece con la fortuna de otros, y cae de la misma manera; quien toma el rumbo que podría esperarse de cualquier hombre prudente, excepto el curso que lo salvará; quien está preparado para todas las eventualidades, excepto para la que finalmente llega; y quien, cuando sus habilidades le son insuficientes para solucionar un problema, exclama que no ha sido su culpa, sino la de una extraordinaria e imprevista fatalidad. César Borgia también era un gran humanista y contrató a Leonardo Da Vinci para que le realizara varias pinturas. En diversas ocasiones, Maquiavelo coincidió con Leonardo, manteniendo con él largas conversaciones.

A la muerte de Alejandro VI, en 1503, Maquiavelo fue enviado a observar la elección del sucesor, y ahí se da cuenta de las maniobras de César Borgia para forzar la elección de Giuliano delle Rovere (Papa Julio II), que era uno de los cardenales que más temían al duque. Maquiavelo, al comentar esta elección, dice: que aquel que piense que los favores harán que los grandes personajes olviden ofensas pasadas se engaña a sí mismo. Y así, Julio II no descansó hasta ver a César en la ruina.

Precisamente fue con Julio II con el que Maquiavelo cumplió su encargo en 1506, al mismo tiempo que el pontífice comenzaba su cruzada en contra de Bolonia; una campaña que resultó ser solo una más de sus exitosas aventuras, gracias en gran parte a su carácter impetuoso. Con respecto al Papa Julio II, Maquiavelo nos presenta las semejanzas que existen entre la Fortuna y las mujeres. Y concluye que el osado, y no el cauteloso, es el que conquistará a ambas.

En 1507 lo destinaron a Alemania como diplomático para parlamentar con el emperador Maximiliano I sobre las medidas expansionistas que quería adoptar dicho emperador. Maximiliano, sorprendido por la inteligencia y elocuencia de Maquiavelo, fue convencido a no invadir territorios italianos y menos aún Florencia, que era la intención que tenía el emperador. Sobre los alemanes concretamente, Maquiavelo dijo: los alemanes son una grandísima fuerza militar, pero tienen y tendrán una política muy débil.

El emperador Maximiliano fue uno de los hombres más interesantes de la época, y su carácter había sido moldeado por múltiples manos; pero Maquiavelo revela el secreto de las constantes fallas del emperador cuando lo describe como un hombre retraído, sin fuerza de carácter, y sin los arrestos necesarios para llevar a cabo sus planes, o insistir en el cumplimiento de sus deseos.

Retrató a Fernando II de Aragón como el hombre que conseguía grandes conquistas bajo el manto protector de la religión, pero que en realidad desconocía los principios de la piedad, la fe, la humanidad y la integridad; sin embargo, para Maquiavelo, poco hubiese alcanzado Fernando de Aragón si alguna vez se hubiese dejado influir por dichos principios.

Los demás años de Maquiavelo en el servicio público transcurrieron alrededor de los eventos surgidos a partir de la Liga de Cambrai, formada en 1508 entre las tres grandes potencias europeas y el papa, con el objeto de destruir a la República Veneciana. Después de la batalla de Agnadello, Venecia perdió en un día todo lo ganado en ochocientos años. A raíz de esta batalla surgió un problema entre el papa y Francia, que dejó a Florencia desprotegida y a merced del papa. Éste impuso el regreso de los Médici el primero de septiembre de 1512, lo que provocó el despido de Maquiavelo del servicio público y el fin de su carrera como oficial.

Maquiavelo había mantenido esperanzas de retener su puesto bajo el mandato de los nuevos amos de Florencia, fue despedido por decreto el 7 de noviembre de 1512. Fue apresado y torturado al pertenecer a una conspiración contra los  Médici, junto con su amigo Giovanni Battaini y 20 personas más. El nuevo pontífice, León X, medió para liberarlo y Maquiavelo se retiró a su pequeña propiedad en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros de Florencia.  Aunque son los peores años de su vida, Maquiavelo tiene en las noches su espacio para la libertad y el bienestar: leía a Dante, a Petrarca y a Ovidio y fue entonces en aquellas noches solitarias cuando empieza a dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, escribiendo las obras que se citaron con anterioridad.

Pese a recibir la amnistía en 1521, fue falsamente acusado poco después de estar involucrado en un intento de golpe de estado contra los Médici. De nuevo fue torturado y apresado, pero por poco tiempo. Una vez liberado, se le encargó que lograra la liberación de unos trabajadores del gremio de la lana que habían sido secuestrados por un grupo de malhechores. Maquiavelo logró la liberación.  Pasó a trabajar en la academia humanista de Bernardo Rucellai, traduciendo la obra griega de Polibio, de la que recogió muchas ideas sobre el gobierno en una república. El nuevo papa Julio de Médici Clemente VII, lo volvió a acercar a la política y le encargó una obra sobre la Historia de Florencia -Istorias Fiorentine-. Maquiavelo aceptó y fue pagado con 120 florines, pero fue acusado de ser partidario de los Médicis (algo absurdo, ya que previamente había sido acusado de preparar un golpe de estado contra ellos) y de nuevo denostado por la opinión pública.

Murió olvidado e ignorado en 1527. Su legado tuvo más éxito en siglos posteriores que en la época en la que vivió, donde la fría y poco religiosa forma de presentar el gobierno del estado causó gran escándalo. Siempre defendió la colectividad frente a la individualidad y nunca olvidó la cruenta y única verdad sobre la política y los gobernantes.

Macchiavelli

Una curiosidad

Aunque Maquiavelo nunca lo dijo, se le atribuye la frase “el fin justifica los medios”, ya que resume muchas de sus ideas.