Publicado en Cine con filosofía

Más allá del bien y del mal

Resumen:

La película narra la relación entre Nietzsche, Rée y Salomé, desde la perspectiva de la filosofía del primero.

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Comentario:

Bajo el título Más allá del bien y del mal la directora italiana Liliana Cavani, también directora de Berlin Affair y El portero de noche, nos muestra su visión de la intensa, y ¿extraña?, relación entre el filósofo Friedrich Nietzsche, el escritor Paul Rée y la psicoanalista Lou Von Salomé.

Salomé, Ree, Nietzsche

Desde el principio la historia se muestra cruda, como la filosofía de Nietzsche, directa y clara.

Con la filosofía nietzscheana presente en todo momento: la muerte de Dios, el nihilismo, la libertad, la elección, la voluntad de poder, la vida como fin, la rebelión, la transvaloración, la lucha entre lo dionisiaco y lo apolíneo… y el superhombre, que, curiosamente, en la película es una mujer, el propio Nietzsche lo dirá en un momento determinado: Lou Von Salomé.

El triunfo de la vida sobre la muerte es otro de los temas que se tratan aquí, es decir, ¿vivir radicalmente es el triunfo de la vida?… ¿o no? Esto último se deja a elección del espectador. Es posible que vivir sea sólo un camino del que sólo seamos conscientes al morir.

Las escenas juegan con la metáfora, como al propio Nietzsche le gustaba jugar en sus textos. El deseo, la desesperación, la lucha contra la sociedad, la búsqueda del yo se mezclan con interesantes y extrañas imágenes que la mente del filósofo crea a cada instante.

Dios ha muerto y el hombre se encuentra solo. También Nietzsche, que se refugia en la amistad de Salomé y Rée. Y cuando la amistad se marchita… ¿qué le queda? ¿La vida? ¿El recuerdo? ¿Volver a empezar?

nietzsche-y-el-caballo

Una de las mejores escenas, -es obviamente mi opinión, no tiene por qué ser compartida-, es la escena de la lucha entre el bien y el mal, lo apolíneo y lo dionisiaco, el eros y tanatos freudiano, representados a través de la lucha de dos hombres desnudos que brotan de la mente del filósofo.

Es una película más para ver y comentar tras verla que para comentar en un blog, ya que lo interesante es compartir las ideas, seguro que diferentes, que sugiere a los espectadores.

Es una película difícil de encontrar, así que os dejo un enlace a Youtube donde encontrareis la película original en italiano subtitulada:

http://www.youtube.com/watch?v=UCHCE3tNgHo

Y algunos enlaces con comentarios y artículos en torno a la misma:

http://elpais.com/diario/1978/01/07/ultima/252975601_850215.html

http://www.cinecritic.biz/es/index.php?option=com_content&view=article&id=16

Como curiosidad:

– el actor que interpreta a Nietzsche es Erland Josephson, una cara conocida para los aficionados al cine de Ingmar Bergman.

– Robert Powell, el actor que interpreta a Paul Rée, haría ese mismo año una de sus interpretaciones más conocidas, como Jesús de Nazaret, para la película de Franco Zeffirelli.

– es inquietante, como poco, el parecido entre el actor que en la película hace de Karl Andreas y la foto original de Paul Rée.

Lou_Ree_Nietzsche

Ficha técnica:

Título original
Al di là del bene e del male
Año
1977
Duración
122 min.
País
 Italia
Director
Liliana Cavani
Guión
Liliana Cavani, Franco Arcalli, Italo Moscati
Música
Daniele Paris
Fotografía
Armando Nannuzzi
Reparto
Dominique Sanda, Erland Josephson, Robert Powell, Virna Lisi, Michael Degen, Elisa Cegani, Umberto Orsini, Philippe Leroy, Carmen Scarpitta, Nicoletta Machiavelli, Amedeo Amodio, Renato Scarpa, Clara Colosimo

 

Publicado en Personajes de la Filosofía

Sören Kierkegaard. Nulla dies sine lacryma.

soren-kierkegaard

Sören Aabye Kierkegaard -Copenhague 1813-1855- fue un pensador danés cuya influencia en la filosofía, aunque poco visible, ha sido eficaz y prolongada. Vivió en Copenhague, atormentado por sus problemas religiosos y filosóficos, e influido, aunque en la forma negativa de la abierta oposición a él, por el idealismo alemán. Entre las obras de Kierkegaard se cuentan El concepto de la angustia, O esto o lo otro, In vino veritas, Migajas filosóficas y el Postcriptum no científico a las migajas filosóficas, uno de sus escritos más importantes.

Kierkegaard, como otros pensadores de su tiempo, apela al cristianismo para comprender el ser del hombre. Insiste especialmente en el concepto de la angustia, que pone en relación con el pecado original y en la cual el hombre se siente en soledad; esto lo lleva a hacer una antrolopología determinada por la idea de la existencia, de sumo interés y de no escasa fecundidad filosófica, a pesar de su carácter asistemático y de un peligroso irracionalismo que ha dejado huellas en algunos de sus seguidores.

Kierkegaard rechaza la “eternización” que el hegelianismo introduce en la filosofía, porque ese pensamietno abstracto y sub specie aeterni deja fuera de la existencia, esto es, el modo mismo de ser del hombre, de todo hombre, incluso del propio pensador abstracto. El hombre es algo concreto, temporal, en devenir, situado en ese modo de ser que llamamos existencia le es esencial el movimiento, que el pensar sub specie aeterni anula. Kierkegaard, desde supuestos religiosos, toca la realidad humana en su núcleo regurosamente individual y personal, sin restituirla por una abstracción como el hombre en general. La existencia de que habla es la mía, en su concreta e insustituible mismidad. Pero esta dimensión positiva de su pensamiento queda enturbiada por su irracionalismo. Kierkegaard considera que la existencia y el movimiento no pueden pensarse, porque si se piensan quedan inmovilizados, eternizados y, por tanto, abolidos. Ahora bien, como el que piensa existe, la existencia queda puesta a la vez que el pensamiento, y esta es la grave cuestión de la filosfía.

Kierkegaard influyó de modo considerable en Unamuno, y Heidegger ha recogido de su penamiento enseñanzas de gran valor. En el mismo seno de la filosofía actual aparece, pues, elevado a sistema y a una madurez superior, el núcleo más vivo de la metafísica de Kierkegaard.

Historia de la Filosofía, Julián Marias.

Alianza, páginas 332 y333.

Sören Kierkegaard

“Y estos discursos, según el lema, deberían estar hechos

y ser pronunciados in vino, de la mima manera

que cualquier verdad proclamada en ellos

no podría ser diferente de la que reside in vino,

puesto que el vino es la defensa de la verdad,

como ésta es la apología del vino.

In vino veritas

Nace Sören el último de siete hermanos, el 5 de mayo de 1813 en Copenhague, “hijo de la vejez” como a él mismo le gustaba apuntar. Ni su niñez ni juventud fueron fáciles ni elegres. Su padre, Michael Peder Kierkegaard, era un comerciante de orígenes humildes, casado con la hermana de un compañero, que murió a los dos años de contraer matrimonio. El lugar de su esposa no tardaría en ser ocupado por una joven del personal de servicio de la casa a la que dejó embarazada. El padre de Kierkegaard, hombre austero y de severa religiosidad, siempre vivó su segundo matrimonio como algo vergonzante al tiempo que pecaminoso -aunque no todos los estudiosos del danés están de acuerdo con esta afirmación. Antes que nuestro filósofo cumpliera los 21 años, su madre y cinco de sus hermanos habrían muerto (“tuvo que saborear la amargura insoportable de la muerte”, escribe Rafael Larrañeta en La lupa de Kierkegaard). El trágico destino de los Kierkegaard convenció al padre de que alguna maldición pesaba sobre ellos, a causa de esto vivió el resto de su vida sumido en un hondo sentimiento de culpabilidad que tuvo su correlato en un régimen doméstico rayano a la teocracia. Así Sören creció en un ambiente de aflición y luto perpetuo que forjaría su carácter sumamente melancólico y reflexivo.

“Un punto totalmente aislado en medio del océano”

Siguiendo los pasos de su hermano y el dictado paterno, comenzó los estudios de Teología. Aunque sus comienzos fueron prometedores, cambió las aulas por los cafés y las tertulias de la capital danesa, como después harían los estetas de sus obras. Kierkegaard había abrazado una vida licenciosa, lo que hacia explícito el rechazo del filósofo por la asfixiante atmósfera religiosa a la que habia sido sometido por su padre desde la infancia. De hecho, entre padre e hijo se había establecido una difícil relación, mezcla de amor y temor, que sólo vería su final con la muerte del cabeza de familia, acaecida en 1838. Fallecido éste, Sören se vio libre para poder tomar sus propias decisiones. Terminó los estudios de teología, comenzó a asistir al seminario para ordenarse e, incluso, llegó a hacer público su compromiso con la joven Regine Olsen -‘¡Reregine_olsengina mía, dueña y reina de mis días y mis noches!’, llegó a escribirle-. Parecía que el joven Sören ponía las bases para una nueva vida y una reconciliación póstuma con el plan de vida que su padre le había trazado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad…

La herencia recibida tras la muerte de su padre le hizo ver un horizonte diferente: dedicar la vida por entero a escribir y dar a conocer su ideas. Así, en 1841, abandonó a Regine, abandonó el seminario y abanadonó la idea de ordenarse. Defendió su tesis doctoral –Sobre el concepto de la ironía– y sem archó a Berlín para asistir a los cursos de Schelling -es posible que nuestro danés compartiera entonces aula con unos jóvenes Marx, Engels, Bakunin y Burckhardt.

Aunque salió decepcionado de las clases de Schelling, su estancia en Berlín no resultó tiempo perdido. Al contrario. Escribió, esbozando las lineas fundamentales de O lo uno o lo otro, publicada en 1843 bajo el pseudónimo de Victor Eremita. Tras la publicación de esta,m escribiría casi la totalidad de sus obras más logradas y conocidas: La repetición, Temor y temblor, Migajas filosóficas o un poco de filosofía, el Post-scriptum, Etapas en el camino de la vida, Las obras del amor, Punto de vista de mi actividad como escritor, La enfermedad mortal o de la desesperación y el pecado,…

Kerkegaard moriría el 11 de noviembre de 1855. Seis semanas antes había sufrido un colapso en la calle.

tumba de Soren Kierkegaard

En los últimos años de su vida se había embarcado en una cruzada personal contra el cristianismo oficial, encarnado en la Iglesia Luterana estatal, y fue esta empresa la que, parece, consumió sus últimos esfuerzos. Kierkegaard fundó su propia publicación periódica, a la que llamó El Instante. Convertido en un clásico de la literatura satírica, el panfleto causó furor en su época. Armado con su fina ironía, el danés se dedicó a criticar el cristianimo danés: a la iglesia como institución, al concepto de cristianismo que la iglesia predicaba,… Para Kierkegaard el cristianismo, y más concretamente la experiencia de fe,  no es algo susceptible de ser reducido a una serie de proposicones lógicamente deducibles. Ante todo es algo que debe ser vivido, pues la fe es pasión.

“Aunque se lograse reducir a una fórmula concptual todo el contenido de la fe, no se seguría con ello que nos hubiesemos apoderado adecuadamente de la fe de un modo tal que nos permitiese ingresar en ella o bien ella en nosotros”

Temor y temblor

Para el filósofo danés la vida es un ejercicio de elección libre y responsable entre diferentes maneras de realizar la propia existencia. Su pensamiento contempla tres modos de concebir la cida a lso que etiqueta ‘estadios’: estético, ético y religioso. Cada uno de ellos constituye un horizonte de sentido por sí mismo.

Esta perpetua preocupación por ser uno mismo, concreto y singular, ante Dios es la clave para entender la original visión filosófico-teológica de la vida desarrollada por el pensador de Copenhague. El hombre, por naturleza, vive al albur de inclinaciones contradictorias. El hombre es finitud e infinitud, libertad y necesidad, eterno y temporal… El pecado no es otra cosa que no querer ser uno mismo ante Dios. Pasar de un estadio a otro significa romper de manera radical con la actitud de vida presente para abrazar algo nuevo y desconocido –el salto al vacio-. En la filosofía de Kierkegaard, el abismo que separa aquello que uno es de aquello que pordría ser se llama angustia. Pero al contrario de lo que se pueda pensar, la angustia y el dolor que genera se convierte en posibilidad de libertad en tanto que sacude al hombe y le hace reflexionar sobre el sentido de su vida. Esta sacudida tiene el poder de empujar al hombre hacia la superación. A mayor angustia, mayor perfección en el camino de la realización como individuo. En la filosfía del danés, por tanto, la libertad y la responsabilidad, están indisolublemente unidas a los conceptos de angustia y pecado.

Sören Kierkegaard vivió su vida en soledad, con sólo un deseo: “ansiaba llegar a ser él mismo entre muchos” (Rafael Larrañeta en La lupa de Kierkegaard, página 146).

Søren-Kirkegaard