Publicado en Filosofía en España

VII CONGRESO DE LA SOCIEDAD ACADÉMICA DE FILOSOFÍA 2015

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La Sociedad Académica de Filosofía (SAF) anuncia que su próximo Congreso Internacional de la SAF estará organizado por la Universidad de Cádiz y se celebrará en el mes de mayo de 2015. La séptima edición del Congreso llevará como lema “Filosofía y cuerpo desde el pensamiento greco-romano hasta la actualidad.”

El cuerpo concita creciente interés en las ciencias humanas y en la filosofía. Aunque sería un error creer que el interés filosófico por el cuerpo procede de una moda pasajera. El cuerpo acompaña la reflexión filosófica desde sus inicios: al hilo de una polémica, Platón comparó a la filosofía con la gimnasia y condenó como cosméticos a los pseudosaberes. Una teoría de la salud, y pegada a ella, una división sexual del trabajo, pero también una reflexión acerca de la belleza, subyace a la argumentación platónica. Esos tres planos (conocimiento, política y estética) en lo que al cuerpo atañe, imponen una reflexión específica. Tal será el objetivo de nuestro encuentro. Porque, efectivamente, la epistemología, la ética y la estética, desde Aristóteles a Judith Butler pasando por Spinoza y Gabriel Marcel, reflexionando sobre las neurociencias, sobre el aborto o sobre el rock, construyeron y construyen filosofías del cuerpo: a veces en diálogo, otras en confrontación. Sobre todas ellas, y sobre las que se formulen allí mismo, versa el congreso convocado por la Sociedad Académica de Filosofía para mayo de 2015 en Cádiz y al que te invitamos a participar.

El Comité Organizador irá ofreciendo las novedades del VII Congreso SAF en esta Web. Además, ha puesto a disposición de socios e interesados las siguientes redes sociales del Congreso, a las cuales recomienda su suscripción.

Redes sociales del Congreso:
Web: http://www.safil.info/congresoSAF2015
Facebook: Página del VII Congreso de la SAF 2015
Twitter: @congresoSAF2015

Publicado en Lecturas filosóficas

La metamorfosis, de Franz Kafka

¿Qué ocurriría si una mañana cualquiera tú cuerpo no fuese el mismo y te hubieras convertido en un insecto?

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Esto es lo que le ocurrió a Gregor Samsa.

Tras un largo día de trabajo, Gregor llega a casa, se va a la cama y a la mañana siguiente, cuando va a levantarse, se da cuenta de que él ya no es él, o al menos externamente.
Desde ese momento todo lo que se deriva de su transformación pertenece al campo del absurdo: su preocupación por levantarse de la cama y que nadie se dé cuenta del cambio, el no querer faltar al trabajo, la reacción de la familia, y todo lo que sucede hasta el desenlace final no es más que absurdo sobre absurdo.

Pero, ¿cuál es el mensaje de Kafka?

Mucho se ha debatido sobre ello:
– El existencialismo kafkiano que expresa el desaliento del hombre ante el absurdo del mundo: Samsa no logra entender que ha podido pasarle durante la noche, y no sabe qué hacer, intenta actuar como cada día pero su nuevo cuerpo se lo impide, su mente parece funcionar igual, nada ha cambiado… ¿O sí?

– La falta de libertad en un sistema socioeconómico que nos obliga a trabajar para vivir sin, finalmente, dejarnos tiempo para vivir: en la obra se ve reflejado que el horario laboral de Samsa no es el mejor para poder socializar y hacer otra cosa que o sea trabajar. Se va en el tren muy temprano por la mañana y regresa siempre tarde. En diversos momentos de la narración de deja ver como Gregor desea reunir el dinero necesario para pagar una deuda contraída por la familia y poder dejar el trabajo como comerciante de telas.

– El extrañamiento de los que nos rodean cuando cambiamos en algo: Gregor, aunque sabe que se ha transformado exteriormente se sabe igual por dentro, es él, es Gregor; pero su familia no logra reconocerle en ese bicho en el que ha mutado. Sólo su hermana parece ver algo familiar en él.
¿Por qué nadie sabe verle debajo de ese cuerpo nuevo si él no ha dejado de ser él?

– La muerte social de los que son diferentes: nuestro protagonista ya no pertenece al mismo grupo que el resto de los personajes de la narración. Está ahí y le dejan estar ahí, hasta cierto punto, por ser quién fue; pero a nadie le gusta ver cómo es ahora. ¿Por qué tememos a las personas que son diferentes?

La lectura de esta obra de Kafka invita a la reflexión profunda, a las preguntas incómodas, al análisis de la constante metáfora, a introducirnos en el absurdo… Entren, lean, y saquen sus propias conclusiones.

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La agonía del cristianismo, de Miguel de Unamuno

El existencialismo unamuniano, como buen existencialismo, hunde sus raíces en su propia experiencia vital; desgarrada, a causa de la muerte de su hijo y desgarradora, la vida le decepciona una y otra vez alimentando sus inquietudes y tristezas.

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El centro de las inquietudes recogidas en esta obra es el cristianismo, y es en el cristianismo en el que Unamuno asienta la agonía de su fe, “producto de una desesperación íntima que él se dedicaba a superar a fuerza de voluntad”.

La agonía del cristianismo nace en su destierro parisino en 1923, tras su corta estancia en Fuerteventura. Sufría Unamuno “lo que podría sufrir Don Quijote cuando se vio paralizado por los hechizos de un encantador, encerrado en una jaula y lentamente arrastrado por unos bueyes a través del campo”, escribiría su amigo Cassou, quien le animó a escribir sobre sus preocupaciones e ideas. Y así surgió esta agonía que abriría en Unamuno nuevas fuentes de creatividad.

Es esta obra un puente espiritual entre lo español y lo francés, trascendiendo ambos para aunarlos en la unión espiritual del cristianismo; pero no pensada para un público español, ya que nuestro filósofo pensaba que este texto nunca llegaría a ojos patrios; a pesar de lo cual, el propio Unamuno reconoce que fue concebido como un libro europeo, en el que el “elemento español adquiere la resonancia universal que merece”.

Pero, ¿qué es la agonía del cristianismo? Es una lucha. La lucha misma, una lucha sin tregua, sin tregua y sin resolución, porque la vida de un verdadero cristiano es más vida cuanto más insoluble, porque la lucha es dinámica, es vital -podemos ver en esto algo que resonará en la voz de su San Manuel Bueno, mártir, publicado en 1931-.
Pero no hay sólo fe y religión en esta obra, también humanidad, sociedad e incluso hay lugar para la política. Unamuno mira a España desde su exilio y ve la situación política “lejos de los evangelios”; sumida en una falsa espiritualidad -¿qué pensaría don Miguel de nuestro actual estado nacional y sus políticos e “iglesia”?-.

Unamuno denuncia que los estados se apropien de las religiones y que las religiones de los estados. Porque la fe es personal e intransferible, y aunque sea compartida por muchos no es dominio de ninguno, ni representativa de una nación (“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” nos recuerda). Jesús fue un antipatriota, dice, por eso lo condenaron.

También toca don Miguel el tema de la mujer. Porque si dice el Antiguo Testamento que la mujer fue hecha de la costilla del hombre, el Nuevo Testamento, que es el libro de los cristianos, dice que fue una mujer la madre de Jesús, que fue una mujer quién siempre lo acompañó sin traicionarlo, que fue una mujer quién dio el mensaje de su resurrección y creyó en él sin necesidad de tocarlo. Que la fe como la sabiduría son palabras de género femenino. E incluso nos recuerda que en la mitología griega, donde el dios supremo, Zeus, padre de todos, es capaz de parir hijos, pare a Atenea desde su cabeza y es una mujer el símbolo de la sabiduría, el conocimiento y la justicia.

El cristianismo dejó de serlo verdaderamente desde el momento en que se politizó y se paganizó convirtiéndose en un Estado. E ahí el comienzo de la agonía del cristianismo y de los cristianos.

Poco a poco, en agonía, Unamuno ha ido analizando todo aquello que le sume en un estado agónico: la fe cristiana, el estado en el que se encuentra España, él mismo, y no se olvida de su origen: el ser vasco. Según él, “yo, que soy vasco, lo que es ser más español todavía”, se debate entre todo lo que le marca, porque es todo lo que le construye, es todo lo que es: vasco, español, europeo y cristiano.

Y así, poco a poco, don Miguel, hijo de su época, hermano de los hijos de la generación del 98, reflexiona sobre lo humano y lo divino hecho humano. Reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre el estar y el no estar, sobre la creencia y la increencia, sobre la religión, sobre la patria y el Estado (que no son la misma cosa aunque pueda parecerlo), sobre el dolor -su dolor-, pero siempre desde sí, desde -como dice nuestro Ortega– su perspectiva, porque eso es lo que todos somos, nuestra propia perspectiva del mundo.
Porque si bien es cierto, pese a todos los intentos, ni Europa nos ha europeizado ni nosotros la hemos españolizado; y así seguimos, en una lucha constante, en una agonía constante que no tiene fin.

“Escribo estas líneas, digo, lejos de mi España, mi madre y mi hija -sí, mi hija, porque yo soy uno de sus padres-, y las escribo mientras mi España agoniza, a la vez que agoniza en ella el cristianismo. Quiso propagar el catolicismo a espada; proclamó la cruzada, y a espada va a morir. Y a espada envenenada. Y la agonía de mi España es la agonía de mi cristianismo. Y la agonía de mi quijotismo es también la agonía de Don Quijote.
(…) y mi España agoniza y va acaso a morir en la cruz de la espada y con efusión de sangre… ¿redentora también? Y a ver si con la sangre se va el veneno de ella.
Mas el Cristo no sólo derramó sangre en la cruz, la sangre que, bautizando a Longinos, el soldado ciego, le hizo creer, sino que sudó “como goterones de sangre” –ósei zpóboi aímatos- en su agonía del monte de los Olivos. Y aquellas como gotas de sangre eran simientes de agonía, eran las simientes de la agonía del cristianismo. Entre tanto gemía el Cristo: “Hágase tu voluntad y no la mía”.
¡Cristo nuestro, Cristo nuestro!, ¿por qué nos has abandonado?”

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Hijos de la Ira, de Dámaso Alonso

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El autor define el libro como “un libro de protesta escrito cuando en España nadie protestaba. Es un libro de protesta y de indignación”. Protesta contra todo. Indignación contra todo, y desilusión. Sobre todo, mucha desilusión. Dámaso Alonso, de la  generación del 27,  no imaginaba que el mundo, y su mundo, marcharían por los caminos que marcharon en aquel siglo XX: Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra mundial, marchas obreras, revoluciones, dictadura de Primo de Rivera,  Segunda República,  Guerra Civil, dictadura franquista,…

Y el poeta sólo tiene clara una idea: eso no es lo que él esperaba de la historia, de la vida, de los hombres. Él, que se ha codeado con Lorca, Alberti, Altolaguirre, Cernuda, y otros tantos para honrar a Góngora. Él, que vive para el arte y la lengua, que vive para la humanidad, no entiende nada y, lo peor, no se entiende a sí mismo.

Yo

Mi portento inmediato,

mi frenñetica pasión de cada día,

mi flor, mi ágel de cada instante,

aun como el pan caliente con olor de tu horanda,

aun sumergido en las aguas de Dios,

y en los aires azules del día original del mundo:

dime, dulce amor mío,

dime, presencia incógnita,

45 años de misteriosa compañía,

¿aún no son suficientes

para entregarte, para desvelarte

a tu amigo, a tu hermano,

a tu triste doble?

¡No, no! Dime, alacrán, necrófago,

cadáver que se me está pudriendo encima

desde hace 45 años,

hiena crepuscular,

fétida hidra de 800.000 cabezas,

¿por qué siempre me muestras sólo una cara?

Siempre a cada segundo una cara distinta,

unos ojos crueles,

los ojso de un desconocido,

que me miran sin comrepnder

(con ese odio del desconocido)

y pasan:

a cada segundo.

Son tus cabezas hediondas, tus cabezas crueles,

oh hidra violácea.

Hace 45 años que te odio,

que te escupo, que te maldigo,

pero no sé a quiénmaldigo,

a quién odio, a quién escupo.

Dulce,

dulce amor mío incógnito,

45 años hace ya

que te amo.

Hijos de la Ira es una lucha humanamente poética contra todo aquello que nos rodea, contra todo lo que nos es reconocible en nuestro entorno, pues sólo desde ese entorno podemos llegar a luchas superiores. Pero no es sólo una protesta sociopolítica, es una protesta literaria. Es la poesía contra “a lo Garcilaso”, contra la norma, contra lo meramente estético, contra la España clásica que se tejía tradicionalista en aquellos momentos. Quiere “mover el corazón y la inteligencia de los hombres” con la poesía, porque también la poesía puede mover conciencias.

La injusticia

¿De qué sima te yergues, sombra negra?

¿Qué buscas?

(…)

Podrás herir la carne

y aun retorcer el alma como un lienzo:

no apagarás la brasa del gran amor que fulge

dentro del corazón,

bestia maldita.

Podrás herir la carne.

No morderás micorazón,

madre del odio.

Nunca en mi corazón,

reina del mundo.

El poeta publica su Hijos de la Ira en 1944, con toda la experiencia vital acumulada hasta ese momento y con sentimientos encontrados, a veces incluso demasiado contradictorios: existencialista unas veces, nihilista otras, pero en todo momento personal e íntimo. Porque Hijos de la Ira está “lleno de asco ante la estéril injusticia del mundo y la total desilusión de ser hombres”.

Dámaso Alonso, como Kierkegaard o Sartre pero al estilo de Zambrano, escribe impotente como testigo de la crisis mundial. Tras la guerra se siente un desarraigado. “El mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla”.

Leído Hijos de la Ira ante nuestra actual situación de crisis mundial: económica, política, social, de valores, de sentido común, de educación, de cultura,… Crisis profunda y múltiple al fin y al cabo; se muestra Alonso como un profeta del presente que nos habla desde el pasado, desde nuestro pasado, cuya poesía nos ayuda, a algunos, a pensar que no estamos solos, y que hay, en el mundo, más soledades que se preguntan ¿Por qué esto? y ¿Qué puedo hacer?

Dedicatoria final (las alas)

…Y he seguido el sueño que tenía.

Me he visto vacilante,

cual si pesaran sobre mí

80 kilos de miseria orgánica,

cual si fuera a caer

a través de planetas y luceros,

desde la altura

vertiginosa.

…¡Voy a caer!

Pero el Padre me ha dicho:

<<Vas a caerte,

abre las alas>>.

¿Qué alas?

(…)

Y eran

aquellas alas vuestros dos amores,

vuestros amores, mujer, madre.

Oh vosotras las dos mujeres de mi vida,

seguidme dando siempre vuestro amor,

seguidme sosteniendo,

para que no me caiga,

para que no me hunda en la noche,

para que no me manche,

para que tenga el valor que me falta para seguir viviendo,

para que no me detenga voluntariamente en mi camino,

para que cuando mi Dios quiera gane la inmortalidad a través de la muerte,

para que Dios me ame,

para que mi gran Dios me reciba en sus brazos,

para que duerma en su recuerdo.

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Publicado en ¿Qué es filosofía?

¿Qué es la filosofía? (y10)

– La filosofía siempre piensa sobre sí misma. El ser filosófico está siempre vinculado a sus orígenes.

– Amor a la sabiduría. Disposición, actitud interrogativa.

– Asombro.

…sigan escuchando