Publicado en Educación -general-

Proyecto educativo «La Guiosfera»

Ante la precariedad laboral y la crisis del sistema educativo muchas voces se alzan con nuevas propuestas.
El proyecto La Guiosfera es una de estas voces.
A finales del pasado año 2014, varios jóvenes con un objetivo común se unen para intentar dar lugar a una nueva forma de hacer educación. Partiendo de la base de sus conocimientos y experiencias empezaron con la idea de agruparse en sistema cooperativo para poder legalizar su estatus de profesores particulares. Pero las charlas, los cafés, las ideas,… multiplicaron el entusiasmo y los deseos de dar un vuelco a la actual situación.
Ahora Proyecto La Guiosfera va, poco a poco, ofreciendo sus proyectos y organizándose como un nuevo modelo de educación alternativa; sin dejar de lado el hecho de que vivimos en un país inmerso aún en la educación más tradicional y ofreciendo también ayuda en este campo.
Psicólogos, trabajadores sociales, filósofos, informáticos, maestros, químicos,… la pluralidad y multidisciplinariedad nos definen y la ilusión por demostrar que otro mundo es posible nos sostiene.
Los alumnos actuales muestran grandes deficiencias en campos como la curiosidad, la gestión de emociones, las habilidades sociales, el autoconocimiento y el pensamiento critico.
El actual sistema ha ido mermando, y no potenciando, cualidades esenciales para el ser humano y su evolución como son la creatividad y la imaginación, alimentando una adquisición de conocimientos descontextualizados y repetitivos que dan al alumnado poco margen para el verdadero aprendizaje y el deseo de aprender porque aprender se ha convertido en una obligación cuando debería ser un deseo.
Ya Platón afirmaba que “no se debe obligar a nadie aprender, ni se debe forzar las cabezas para asimilar conocimientos en ellos. Sólo se puede mostrar el camino, para que cada cual piense por sí mismo”.
Además, obvio es, que no todos tenemos las mismas capacidades, las mismas aspiraciones, las mismas necesidades, las mismas aptitudes, ¿por qué, entonces, una misma educación unificadora?

12778756_1730411690536642_2940157138384097935_oAhora el proyecto está preparado para darse a conocer, así que quedáis todos invitados a apoyar a este bonito grupo de personas, a las que me uní -aunque ya no pueda estar con ellos- la maravillosa esperanza de que siempre «otro mundo es posible, otra educación es posible».

Gracias por los momentos compartidos, por las ideas surgidas, por los animos, las charlas, las cervezas,… Suerte en el camino.

Desde la Asociación Educativa La Guiosfera invitamos a toda la población sevillana a conocer nuestro proyecto de educación alternativa. Esta asociación nace en 2014 de un grupo plural y multidisciplinar de jovenes motivado por la preocupación de un sistema educativo estancado, y la necesidad de contribuir, desde la experiencia y el conocimiento, a generar modelos alternativos de transformación social centrados en promover personas más humanas, sociales, críticas y autónomas.

Durante la jornada del domingo 13 de marzo contaremos con talleres en los que niñ@s y adult@s aprenderemos y jugaremos junt@s. Además contaremos con la presencia de Zazít y Dudu que harán los honores de contarnos todos los detalles de este apasionante proyecto.
Después podremos compartir tod@s con una rica paella amenizad@s con buena música.

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Publicado en Lecturas filosóficas

San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno

Manuel Bueno es el párroco de Valverde de Lucerna, un pequeño pueblo rodeado de montañas y con un lago. Montaña y lago, dos protagonistas más de esta obra de Unamuno -porque no sólo don Manuel, Ángela y Lázaro protagonizan la historia de la que vamos a hablar-.

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Esta pequeña -gran- obra de don Miguel relata la lucha entre la fe y la duda, entre el creer y el dolor de no creer; es una lucha de la existencia contra sí misma. Una lucha que muchos podemos hacer propia, porque no sólo don Manuel convive con sus propios demonios.

San Manuel Bueno, mártir trata, en la figura del principal protagonista, muchas de las preocupaciones espirituales del filósofo y nos interpela, casi sin que nos demos cuenta, para que nosotros también nos planteemos las nuestras.

¿Nos reflejamos en don Manuel? ¿En Lázaro? ¿En Ángela? ¿En el pobre de Blasillo el bobo?

La obra (re)presenta dos de los grandes fundamentos del existencialismo: la vida y la duda. Pero a diferencia de otros existencialistas, aunque Unamuno presenta la vida como algo a lo que nos han arrojado (con Calderón de la Barca nos recuerda: “el delito mayor del hombre es haber nacido”) es también como una celebración que debe alejarnos del deseo de abandonar este mundo en el que no elegimos estar, al menos esa va a ser la filosofía de don Manuel.

En una boda dijo una vez: ¡Ay, si pudiese cambiar el agua toda de nuestro lago en vino, en un vinillo que por mucho que de él se bebiera alegrara siempre, sin emborrachar nunca…, o por lo menos con una borrachera alegre…!-Lo primero- decía- es que el pueblo esté contento, que estén todos contentos de vivir. El contentamiento de vivir es lo primero en todo. Nadie debe querer morirse hasta que Dios quiera.
(…)

Como en la obra de Kierkegaard, vemos en esta obra de nuestro dubitativo filósofo una imagen clara de su enraizamiento cristiano: la fe no puede estar en lucha con la alegría porque la alegría es el fondo de la cuestión vital (también es fondo de la cuestión religiosa, son muchos los santos y padres de la iglesia que han subrayado la importancia de la alegría en el cristiano, muy a pesar, muchas veces de la propia Iglesia).

Una vez pasó por el pueblo una banda de pobres titiriteros. El jefe de ella, que llegó con la mujer gravemente enferma y embarazada, y con tres hijos que le ayudaban, hacía de payaso. Mientras él estaba en la plaza del pueblo, haciendo reír a los niños y aun a los grandes, ella, sintiéndose de pronto gravemente indispuesta, se tuvo que retirar y se retiró escoltada por una mirada de congoja del payaso y una risotada de los niños. Y escoltada por don Manuel, que luego, en un rincón de la cuadra de la posada, le ayudó a bien morir. Y cuando, acabada la fiesta, supo el pueblo y supo el payaso la tragedia, fuéronse todos a la posada, y el pobre hombre, diciendo con llanto en la voz: “Bien se dice, señor cura, que es usted todo un santo”, se acercó a éste, queriendo tomarle la mano para besársela; pero don Manuel se adelantó y, tomándosela al payaso, pronunció ante todos:
-El santo eres tú, honrado payaso; te vi trabajar, y comprendí que no sólo lo haces para dar pan a tus hijos, sino para dar alegría a los de los otros (…).

Unamuno, a su forma, nos plantea un problema, una cuestión vital: ¿qué hacer cuando no se hallan motivos para la alegría? ¿Qué hacer cuando todo se presenta bajo la inquietante forma de la duda? ¿Qué hacer cuando todo aquello en lo que crees se hunde en un abismo negro y no logras rescatarlo? ¿Qué hacer para dar a los demás lo que necesitan cuándo no lo encuentras en ti?

San Manuel Bueno es la respuesta (la que don Miguel nos ofrece). Reír, vivir y ayudar a reír y a vivir a los demás; esconder el dolor y la duda bajo la máscara, porque al final tanto el dolor como la duda se curan: “Sí, al fin se cura el sueño…, y al fin se cura la vida…, al fin se acaba la cruz del nacimiento… Y como dijo Calderón, el hacer bien, y el engañar bien, ni aun en sueños se pierde…”.

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