Publicado en 2º Bachillerato, Pensamientos robados

Selectividad 2017 ¡Suerte!

Queridos todos, alumnos y alumnas, concentración, fuera nervios y ¡a por todas!

 

El futuro… por Forgesselectividad

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Sin cultura o sin vestidos

Como siempre, Quino dando en el blancobmu3iglciaepirf

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¡Google, vete a la mierda!, por el Comité Invisible

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En octubre de 2014, el CI publicó un escrito sobre los medios de control social ejercidos a través de internet. Presentaron a Google como un nuevo método de control, y al mismo tiempo como método de desobediencia.

En este escrito que os traigo a colación, el CI nos recuerda que muchos de los programas que hoy utilizamos como redes sociales fueron en su origen programas que servían a diferentes grupos de activistas para coordinarse.
Estos programas tejieron una red de conexiones interciudadanas que deberían servir para liberarnos, para democratizar y compartir información útil. Incluso los gobiernos deberían saber que “gobernar significa garantizar la interconexión entre personas, objetos y máquinas, así como la circulación libre de la información que se genera de esta forma”. Mas el peligro está en que estas formas de comunicación sirven también como formas de control ciudadano. “Facebook no es tanto el modelo de una forma de gobierno, sino su realidad ya en operación”, lo que no quita, nos avisan, de poder usarlo en contra de sí mismo. Aunque, subrayan, el peligro real es Google y su motor de búsqueda, su poder de rastreo, porque “uno nunca mapea un territorio del cual no pretende apropiarse”.

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El uso avanzado de las redes sociales y los movimientos sociales coordinados nos anuncian de que estamos poco a poco asistiendo a la crisis de la economía política “como arte de gobernar”, porque la económica es un arte, desde el siglo XVII, de gobernar a la población. Este arte exigía evitar la escasez para evitar disturbios, había de buscarse una armonía que partiría del crédito, la confianza. Pero ese tiempo ha llegado a su fin.

Occidente “está viviendo la crisis de la confianza en sus propios fundamentos” y la cibernética se desarrolla sobre esta “herida” y nos trae un mensaje de carácter apocalíptico, ya que su pretensión es frenar el movimiento caótico del mundo, controlando y organizando la información.

Así, poco a poco, desde los años 80 hemos ido creando un yo sin yo, un ser constituido por su exterioridad y sus vínculos. Un yo cuantificable y monitoreado que pierde interioridad porque no importa lo que tiene dentro. Ha sido creado el hombre Smart, rodeado de cosas inteligentes que producen un constante flujo de información que crea mapas de personas, de masas; lo que, a su vez, construye una base de datos única para predecir los reacciones de la ciudadanía.
Se abre una brecha entre las personas públicas y las personas ocultas. Se abre la brecha entre lo real y lo virtual, creando necesidades no reales que se transforman en reales y, al mismo tiempo, nos alejan de la verdadera realidad.

Pero todo ello nos llevará al re-descubrimiento de la verdadera realidad, a la recuperación de las verdaderas amistades,… a volver a enriquecer la existencia humana.

Así que no tiene la cibernética solo una cara negativa. Como tampoco tiene una única cara la técnica que construyo el mundo (exterior a nosotros) y nuestros mundos (los que nos circunda). Lo peligroso de todo este desarrollo (¿avance?) es el uso de la tecnología como expropiación de las técnicas que constituye lo humano.

Gobiernos como el de EEUU aprovechan a los hackers y ciberdelincuentes, para reconducirlos y aprovecharlos para ordenar, vigilar, y controlar lo que ellos saben descontrolar y desordenar.
Libertad y vigilancia pertenecen al mismo paradigma de gobierno, pues solamente los sujetos libres, considerados como una sola masa, pueden ser gobernados.

Ser libre y tener vínculos fue originariamente una misma cosa (el artículo remite a las rices indoeuropeas de las palabras friend y free -amigos y libertad, potencia que crece al ser compartida, dice el artículo-). La actual libertad individual impide formar grupos fuertes que originan verdaderas estrategias y no solo ataques aislados.

Como dice el texto, no podemos permitir que un hacker se convierta en un soplón del gobierno. Que aquello que era acto de rebelión pase a ser sumisión y colaboración. Nada nuevo bajo el sol…

Nos hacen creer que somos más libres para que no notemos las cadenas que nos mantienen en la caverna. Refuerzan las sombras para que no veamos la luz del sol. ¿Qué haremos ante tal situación? ¿Qué estamos haciendo?

Para leer el artículo completo:

Haz clic para acceder a Comit%C3%A9-Invisible_Fuck-off-Google_Esp.pdf

También es interesante, para complementar la reflexión del CI, ver La red social, El quinto poder y We steal secrets

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Tierra quemada, por Antonio Muñoz Molina

Tierra quemada

En las evaluaciones sobre estos últimos años nadie parece caer en la cuenta de la devastación que ha sufrido nuestro país en todo lo relacionado con la educación, la cultura y el conocimiento. En los programas electorales que van adelantándose en los simulacros de debates políticos de la televisión tampoco parece que haya sitio para reflexionar sobre esos problemas, y ni siquiera para mencionarlos. La política consiste sobre todo en hablar a gritos de política. El declive de la enseñanza pública ya no es ni siquiera noticia, a no ser que un profesor resulte gravemente agredido por un papá o una mamá que no hacen nada por educar a su hijo, pero no toleran que la criatura se lleve el más tenue sinsabor en el aula. Un ministro de Educación frívolo y chulesco se fue a París con un cargo opulento dejando a otros la tarea de poner en marcha la nueva ley inútil, confusa y no debatida ni pactada con nadie. Que la ley borrara la Filosofía de la enseñanza no quiere decir que fuera favorable al conocimiento científico. El analfabetismo unánime sigue siendo la gran ambición de la clase dirigente y de la clase política en España.

Un profesor universitario de letras que acaba de jubilarse por abatimiento me cuenta que se cansó de corregir las faltas de ortografía de muchos estudiantes con la misma dedicación que si diera clases en Primaria; profesores de ciencias me dicen que hay cada vez menos alumnos en las carreras de Física o Química. En cualquier capital extranjera donde he estado en el último año me encuentro con los mejores entre los que sí han aprendido: descubren la sorpresa de trabajar en atmósferas favorables a la investigación y al estudio, sin el castigo agotador de ir contracorriente; en la mayor parte de los casos aceptan con melancolía la evidencia de que si quieren progresar en lo que hacen, el precio será no poder regresar. Grave es que los nativos tengan vedado el regreso, pero igual de grave es que no haya posibilidad de atraer al talento forastero. Nada es más fácil que un gran matemático de Nueva Delhi encuentre un puesto en una universidad de California, pero es muy probable que ni al más brillante profesor de la Universidad de Jaén se le abra nunca la posibilidad de conseguir una plaza en la de Murcia.

Del presidente del Gobierno se sabe que es lector del diario Marca y de La catedral del mar. El ministro de Justicia declara que la tortura pública del toro de Tordesillas es una noble tradición cultural. Las únicas tradiciones culturales que se preservan son las que contienen residuos de barbarie o de oscurantismo religioso. El ministro de Economía y el ministro de Hacienda se aseguran de arruinar el teatro con un IVA del 21%. Las televisiones públicas dedican sus mejores horarios al fútbol, a los chismes del corazón y al adoctrinamiento identitario. Se dan ayudas públicas a los bancos y a los fabricantes de coches, pero no a la industria del libro ni a las librerías. Lo que han hecho por los libros estos Gobiernos recientes es cancelar las compras para las bibliotecas. En las de los Institutos Cervantes no hay novedades de los últimos años, y hace tiempo que se cancelaron las suscripciones a las revistas culturales. El desguace de la capacidad de acción cultural de los Cervantes y su sometimiento cada vez mayor a presiones de políticos y diplomáticos es uno de tantos desastres ocultos de estos últimos años.

Hace unos días, en este mismo periódico, Diego Fonseca contaba la historia vergonzosa del legado de Santiago Ramón y Cajal. Treinta mil objetos que atestiguan la vida, los logros científicos y los intereses variados de uno de los grandes héroes intelectuales de nuestro país están arrumbados en una sala de reuniones en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas: sus papeles, sus fotografías, sus diplomas, sus dibujos prodigiosos, sus microscopios, los objetos que tocaron sus manos y formaron parte de su vida. Entre 1984 y 1997 esos tesoros habían estado amontonados en un sótano. El deterioro de materiales tan frágiles como manuscritos y placas fotográficas es irreversible. Quién imagina que pudiera suceder algo parecido en Francia con el legado de Pasteur, con el de Darwin en Inglaterra. El año pasado Javier Sampedro informó de la desaparición escandalosa de la mayor parte de la correspondencia de Cajal: 12.000 cartas que atestiguarían su vida privada y sus intercambios incesantes con los mejores neurólogos de su época. El profesor Juan Antonio Fernández Santarén, editor de esa correspondencia, ha denunciado la cadena de irresponsabilidades, de negligencia, de pura desvergüenza, que hizo posible tal despojo: alguien robó en 1976 unas 15.000 cartas depositadas en el CSIC. Unas 3.000 cayeron en manos de un librero de viejo, que al menos tuvo el gesto de vendérselas a la Biblioteca Nacional. De las demás no hay ni rastro.

El analfabetismo unánime sigue siendo la gran ambición de la clase dirigente y de la clase política en España

He estado leyendo estos días los Recuerdos de mi vida de Cajal, en una excelente edición del profesor Fernández Santarén. En ese libro están algunas de las mejores páginas memoriales que se han escrito en España. Es el relato de un largo aprendizaje, heroico en su amplitud y en su dificultad, el de un chico travieso y rebelde de pueblo, en un país atrasado y deshecho por convulsiones políticas, que descubre primero su amor por los animales, por la botánica y el dibujo, y luego su vocación científica, en la que es decisiva su curiosidad congénita y su talento de artista. Llegado a la investigación justo después de los hallazgos formidables de Darwin y Pasteur, Cajal estableció algunos de los cimientos sobre los que todavía se sostienen la biología y la neurociencia. Si nuestra cultura científica no mereciera más desprecio todavía que la literaria o la artística, seríamos conscientes de que Cajal es una de las pocas figuras de verdad universales que ha dado nuestro país: como Cervantes, o García Lorca, o Picasso, o Manuel de Falla, o Velázquez.

A Cajal su educación como dibujante y su sentido estético le ayudaron a dilucidar la anatomía fantástica de las neuronas. Y su mirada de científico le permitió juzgar con más lucidez que cualquiera de los santones del 98 los motivos del atraso español e imaginar políticas sensatas para empezar a remediarlo. Cajal vivió como oficial médico la primera guerra de Cuba y no olvidó nunca los efectos terribles de la frivolidad política, la incompetencia militar, la corrupción que enriquecía a oficiales e intermediarios con el dinero robado a la alimentación y a la salud de los soldados, que morían de malaria y disentería en hospitales inmundos. En su adolescencia asistió a la hermosa revolución liberal de 1868, tan rápidamente malograda; tuvo una vida tan larga que vio también en su vejez la otra ilusión renovadora de la II República. Hasta sus últimos días vindicó los mismos ideales prácticos que lo habían sostenido en su aprendizaje de científico y de ciudadano: curiosidad, educación, esfuerzo disciplinado, ambición lúcida, patriotismo crítico. Que la mayor parte de sus cartas se haya perdido y que su legado permanezca arrumbado en un almacén es una calamidad y una desgracia, pero también es un síntoma de todo lo bajo que hemos caído, de todo lo más bajo que todavía podemos caer.

Por Antonio Muñoz Molina, en El País, 20 de octubre de 2015