Filosofía y poesía
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Dicen que el ave divina, trocada en pobre gallina, por obra de las tjeras de aquel sabio profesor (fue Kant un esquilador de las aves altaneras; toda su filosofía, un sport de cetrería), dicen que quiere saltar las tapias del corralón, y volar otra vez, hacia Platón. ¡Hurra! ¡Sea! ¡Feliz será quien lo vea! Antonio…
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¿Estás? ¿No estás? Lo ignoro; sí, lo ignoro. Que estés, yo lo deseo intensamente. Yo lo pido, lo rezo. ¿A quién? No sé ¿A quién? ¿a quién? Problema es infinito. ¿A ti? ¿Pues cómo, si no sé si existes? Te estoy amando, sin poder saberlo. Simple, te estoy rezando; y sólo flota en mi mente…
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