Si me hubieseis hecho esta pregunta hace 20 años habría dicho sin duda que arqueóloga o antropóloga forense, son las profesiones que siempre dije que eran a las que me quería dedicar. No sé especificar en que momento pensé que podría ser profesora, no sé cuando decidí que este sería mi camino… o quizá sí.
Podría arriesgarme y afirmar que empezó a picarme el gusanillo allá por el año 1992 cuando cursaba 7º de EGB, y la señorita Mª Ángeles que impartía Lengua y Literatura, nos puso en clase ‘El club de los poetas muertos’, me quedé prendada de Mr. Keating.
-¡Ufff!- pensé- si yo quisiera ser profesora sería como este.
Y ahí quedó la cosa. Pero según me iba haciendo mayor mi sentido racional captaba lo que ocurría a mi alrededor, me fijaba en la huella que mi padre había dejado en sus alumnos cuando lo paraban, y le siguen parando, en la calle para saludarlo y recordar todo lo que les había enseñado, no sólo como profesor sino como persona.
-¡Vaya!- pensaba yo- ¡no sabía que mi padre fuera así!
Llegando así el segundo referente que inclinó mi balanza un poco más hacia esa otra vocación aún no descubierta.
En 8º de EGB llegó a mi grupo de profesores Sor Mercedes de las Heras, el tercer referente. Ya casi lo tenía claro, si al final mi vida acabará por desembocar en la docencia yo sería una mezcla entre Mr. Keating, mi padre y Sor Mercedes (quitando lo de ser hombre y lo de ser monja, je, je, je
)… también quería ser un poquito del personaje de Sidney Poitier en ‘Rebelión en las aulas’, ¡¡¡qué temple, qué paciencia!!!; y quería ser como Sócrates, ‘el profe’ interpretado por Cantinflas en la película del mismo nombre, ¡¡¡qué discurso, qué vocación!!!… Empecé a tragarme todas las películas relacionadas con el tema, profes y alumnos, fuesen buenas o fuesen malas: El club de los poetas muertos, Rebelión en las aulas, El rector, Sister Act 2, El sustituto, El profe,… todas, todas… Incluso hoy lo sigo haciendo forjándome sin darme cuenta un camino que no había previsto.
Llegó el momento de la selectividad y el destino, el azar, la suerte, o como queráis llamarlo hizo que abandonara mi primera opción marcada que era hacer Historia (para ser arqueóloga) por la influencia a partes iguales de ‘El mundo de Sofía’, Sor Mercedes Martín (más conocida entre los alumnos del colegio como Sor Real Madrid), y por Joaquín (mis profesores de Filosofía).
Y allí llegué, a la facultad de Filosofía de Sevilla, un octubre de 1998, y allí me quedé. Entre filósofos. Entre teoría y praxis. En una facultad casi olvidada, con poco alumnado, escondida en un campus compartido con carreras multitudinarias como Psicología, Pedagogía, Económicas y Empresariales.
Allí fue donde caí en la cuenta de que quería enseñar, que quería aprender, quería estar al otro lado del aula como lo están Montse Negre, Marcelino Rodríguez, Antonio Hermosa, Gemma Vicente, Francisco Rodríguez Valls, Ignacio Salazar, Carmen Hernández, José Luis López, Enrique Bocardo, … y todos los profesores que me acompañaron los cinco años de licenciatura, y que me acompañan en el doctorado…
Porque poco a poco, lentamente, supe que quería saber, quería aprender, y la mejor forma de conseguirlo era enseñando, porque lo que no se transmite se pierde, y un buen profesor no sólo transmite conocimientos y teoría, sino que transmite vivencias y alma. Se transmite a sí mismo de alguna forma… y creo que es una de las mejores cosas del mundo, al igual que el músico se queda en su partitura o el escultor en su escultura.
Gracias por marcarme el camino…
Descubre más desde El rincón de Sofista
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Gracias por este pequeño reconocimiento que le haces a tu padre, sabes que él no suele entrar en internet, pero yo sí.
Me alegra que Sor Mecerdes y otra serie de personas que me consta son buenos ejemplos, te hayan servido de referencia.
Siempre he confiado en tí, y te he dicho que serias buena profesora, porque tienes las cualidades necesarias para ello, aparte de la vocación.
Eres tranquila, serena, muy, muy paciente, creativa, cercana, alegre, aunque tienes un toque de seriedad sabes explicar la materia de forma sencilla y asequible, eres respetuosa, das confianza y algo que se está perdiendo, sabes ESCUCHAR. Te encanta la enseñanza y disfrutas con la filosofia. ¡Ojo! me conoces y sabes que no te estoy dorando la píldora.
También sé tus defectos, uno ya casi lo tienes dominado, el otro es más dificil … más que un defecto es un tormento… jijijiiji
¿soy yo? muak,muak,muak
Me gustaMe gusta
una hermosa historia
y un hermoso agradecimiento
cuando se enseña por "vocación" y no por profesión
se nota y dejarás en tus alumnos huellas como las que
ha dejado tu padre en los suyos
o como las que ha dejado en ti sor mercedes
un abrazo
Me gustaMe gusta