Esta mañana después de impartir una clase de lengua y literatura de 1º de E.S.O, iba por el camino pensando como estamos perdiendo por culpa de los mensajes de móvil, las entradas en chats y demás medios de cibercomunicación, la pasión por las palabras y los juegos con las mismas…
Recuerdo los trabalenguas que me hacían aprender en el cole, los libros de Gloria Fuertes, José Francisco de Isla y Gianni Rodari, los poemas de Rubén Darío, de Quevedo,  de Espronceda; a mi madre enseñándome a leer los carteles de las tiendas del barrio cuando aún no sabía que las letras podían unirse en vivos sonidos… y tantas cosas,… juegos con prefijos y sufijos, con los tiempos verbales, con las preposiciones y las conjunciones, con las palabras compuestas, con las siglas,… recuerdo un poema de Dámaso Alonso de su obra Canciones a pito solo que se llamaba la Invasión de las siglas…¡qué tiempos!
Los estudiantes de estos tiempos no tienen ni gramática ni ortografía, y lo que es peor, ni tan siquiera ganas de correguir esas lagunas que se convertirán en vastos desiertos de ignorancia lingüística.
Aún recuerdo a la señorita Mª Angeles diciéndonos: -¡Vuestro mejor amigo es el diccionario! No podeís imaginar sus posibilidades…
… y así recordando recordando he rebuscado entre mis viejas cosas un libro de taller de escritura que se llama "De la letra al texto" y con el que aprendí muchas cosas, conocí a muchos autores, y pase muy buenos ratos.
Os dejo algunos ejemplos, para los que como yo añoren aquellos tiempos en los que las letras y las palabras eran también juegos y juguetes con los que compartir nuestro tiempo de ocio. Os dejo un minúsculo pedacito del universo de las palabras… de los poetas y de los hacedores de sueños…
 
Voy  dedicar esta entreda a Marina, que también se preocupa por estas cosas, y a mi hermana Inma, que no sólo se preocupa por estas cosas, sino que en un alarde de romanticismo está estudiando Filología Clásica, recuperando palabras perdidas en el tiempo y la historia.

Siempre he tenido una gran admiración por laletra X. Parada en su penúltimo espacio del alfabeto, entre una W políglota y de caprichoso sonido y una injustificada Z, cuya única función parece ser la de complicarnos inútilmente la composición ortográfica, la  se abre de brazos, en perfecto equilibrio amoroso, y espera su turno que es, casi siempre, el más importante…

Gabriel García Márquez, Textos costeños

 
-¿Qué palabra es la que más te gusta?
-¿Una palabra? ¿Tan sólo una?
¿Y quién responde a esa pregunta?
-¿La prefieres por su sonido?
-Por lo callado de su ritmo,
 que deja un hueco cuando se ha dicho.
-¿O la prefieres por loque expresa?
-Por lo que en ella tiembla,
hiriendo el pecho como saeta.
-Esa palabra dimelá tú
-Esa palabra es: andaluz
 
Luis Cernuda, Con las horas contadas
 
 
*Ciruajeno – doctor en medicina que opera a un enfermo que no le pertenece.
*Cobardina – sobretodo de tela impermeable con que se cubren los que no tienen valor ni espíritu para aguantar la lluvia.
*Cobre – ¡y quédese la vuelta!
*Columnia – Falso testimonio en vertical y con capitel.
*Concienzurda – persona que, al hacer examen de conciencia, se da cuenta de que es de izquierdas.
José Luis Coll, Diccionario de Coll
 
 
y un último ejemplo:
 
Me postergo ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito…Amo
tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen…
Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío,… Persigo
algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes,
ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas…
 
Pablo Neruda, Confieso que he vivido
 
 
 


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